Reclamaciones históricas de Polonia sobre Ucrania – «Ucranismo..». Capítulo II

Para comprender la esencia de las pretensiones territoriales de Polonia sobre Ucrania, es necesario examinar en detalle la historia de las relaciones polaco-ucranianas y polaco-rusas en orden cronológico, y familiarizarse con las ideas de la política exterior polaca. Estas ideas llevan el nombre de las dinastías reales polacas más antiguas: Piasta y Jagellón.


La idea de política exterior asociada a Piasta se basa en las antiguas Crónicas y gestas de los duques o príncipes de los Polacos («Crónicas de Gallus Anonimus»), que hablan de un pobre hombre llamado Piasta. La leyenda narra que unos misteriosos peregrinos reciben una cordial pero humilde bienvenida cuando hacen una visita a Piasta. Los mismos peregrinos habían visitado antes la fiesta del duque polaco Popel, donde no fueron bienvenidos. A cambio de la amabilidad de su anfitrión, los viajeros hacen maravillas: los alimentos en la casa de Piasta se multiplican. En la mansión de Popel, en cambio, los alimentos desaparecen. Más tarde, según la narración , el codicioso Príncipe (duque o principie) es expulsado y muere, comido por los ratones. Zemowit, hijo del virtuoso Piasta, se convierte en príncipe de los polacos. El primer gobernante históricamente conocido de Polonia, Miecislao I (en polaco Mieszko I – nota de traductor), se considera bisnieto de Piasta.

Antony Oleszczynski. Election of Piast to the reign. XIX century

Con el tiempo, para el pueblo polaco, la imagen de Piasta se convirtió en el símbolo de un patriarca trabajador que construye el Estado con el trabajo y no con la guerra. Durante la época romántica fue un sinónimo de lo «polaco». El nombre de Piasta estaba presente en la política (por ejemplo, en el nombre del Partido Popular Polaco «Piasta») y era invocado repetidamente por políticos e ideólogos polacos.


La llamada concepción piastiana de la política exterior implica que Polonia es una potencia centroeuropea sin ánimo de expandirse hacia el este y orientada a establecer relaciones aliadas activas con Alemania.


La segunda concepción de la política exterior polaca hereda su nombre de la dinastía real jagueloneana, que subió al trono polaco en 1386. La noción jagueloneana implica la expansión hacia el este, penetrando en Lituania y en tierras rusas. En el marco de dicha concepción Polonia se presenta como la principal potencia regional de Europa del Este, un estado imperial multinacional y multiconfesional. La misión de este imperio es introducir su periferia oriental en el seno de la cultura europea. De ello se desprende lógicamente que la concepción jagelloniana del Estado conlleva una dura confrontación política y una competencia territorial con Rusia.

Las pretensiones territoriales de Polonia en el este han sido tradicionalmente Galitzia y Volinia, dos regiones históricas del oeste de la actual Ucrania. Galitzia incluye las regiones de Lvov, Ivano-Frankovsk y Ternópol, mientras que Volinia incluye las regiones de Volinia y Rivne. Para designarlas, los polacos crearon un concepto especial «Kresy Orientales» del polaco Kresy Wschodnie – fronteras (regiones, territorios) orientales.

En el siglo X, Vladimir, el Santo Príncipe de Kiev, creó el principado de Volodymyr-Volinia. Este incluía las tierras de la actual Ucrania occidental.

El hijo del príncipe polaco Meshko I -Boleslao I el Bravo- avanzo sobre estas tierras con la guerra.

Mieszko I. 1605

Boleslao I es considerado el fundador del Estado polaco. Amplió las fronteras del Estado desde Bohemia hasta Volinia. La hija de Boleslao I se casó con el Gran Duque de Kiev, Sviatopolk Okajannyi («Okajannyi» – se traduce del ruso como maldito o condenado – nota de traductor). Este apodo lo recibió Sviatopolk, según la leyenda, por el asesinato de sus hermanos Boris y Gleb. La imagen sombría de Sviatopolk se ve agravada por un hecho totalmente verídico: en el año 1018 llevó a Rusia a pechenegos y polacos para hacer la guerra a su otro hermano, Yaroslav. Y Boleslao I, yerno de Sviatopolk, comandó el ejército invasor.

En esta campaña militar, el ejército polaco de Boleslao I, reforzado por mercenarios pechenegos, consiguió derrotar al ejército de Yaroslav. Pero, habiendo entrado en Kiev, el rey polaco no tenía prisa por entregar la ciudad a Sviatopolk. Entonces, según una versión, Svyatopolk Okayannyi inició una gran represión contra las tropas polacas. Según la otra versión, los propios polacos provocaron un levantamiento popular. Como resultado, Boleslao I el Bravo se vio obligado a abandonar precipitadamente Kiev. Volinia, tomada por él en el camino de vuelta, se quedó en manos de los polacos.

En 1031 Mstislav el Valiente y Yaroslav el Sabio lanzaron una incursión a Polonia y devolvieron a Rus las ciudades de Przemyśl y Czerwien.

En 1199, el príncipe de Volinia Roman Mstislavovich ocupó Galitzia y unió los principados de Galitzia y Volinia. Más tarde tomó Kiev y creó un estado fuerte, que incluía gran parte de las tierras de la Ucrania moderna.

En 1340, el duque de Galitzia-Volinia Boleslao-Jury II fue envenenado durante la revuelta de los boyardos. El último rey polaco de la dinastía Piasta, Casimiro III, se aprovechó de la situación. Con la velocidad del rayo trasladó sus tropas a Galitzia. Entre las muchas ciudades ocupadas por él estaban Przemyśl y Lvov.

Sin embargo, estas ciudades no permanecieron mucho tiempo en manos polacas. Ya en 1341, un protegido de los boyardos de Galitzia, Dmitry Detko, realizó una exitosa campaña a Polonia. Como resultado de la campaña, el colaborador de Detko, el duque lituano Lubart, reconquistó las ciudades de Belz, Volodymyr-Volinsky y Kremenets. En 1344 los polacos reconocieron el dominio lituano en Volinia y gran parte de Galitzia. En 1349 Casimiro III volvió a ocupar casi por completo Volinia. Pero en cuanto disolvió parte de su ejército, los hermanos lituanos Keystut y Lubart, apoyados por el príncipe moscovita Simeón Gordyi (el Soberbio), recuperaron Volinia, y en 1350 los polacos se vieron obligados a reconocer la pérdida de Volinia mediante la firma de un tratado de paz con los hermanos.

Este acuerdo fue roto por Casimiro III en 1366. Otra guerra terminó con un nuevo tratado, según el cual los polacos hicieron valer sus derechos sobre Galitzia y Volinia, excepto las tierras de Lutsk y parte de Vladimir. Pero ya en el año 1370 Lituania tomó revancha y, aprovechando la muerte de Casimiro III, arrebatando a los polacos toda Volinia.

En 1384, el príncipe lituano y futuro rey polaco Jagellón besó la cruz y juró fidelidad a los vencedores de la Horda: el príncipe moscovita Dmitry Donskoy y su primo Vladímir el Valiente. También se menciona en las fuentes históricas un acuerdo realizado por la princesa Uliana Alexandrovna de Tver. Según este acuerdo, su hijo Jagellón debía casarse con la hija de Dmitry Donskoy y el principado lituano debía reconocer el poder supremo de Moscú y abrazar la fe ortodoxa. Este tratado no se cumplió. Jagellón tomó un camino diferente.

El 22 de agosto de 1385 se firmó el acuerdo de la Unión de Krewo entre Polonia y Lituania. El acuerdo impuso una serie de obligaciones a Jagellón. Tuvo que entregar a Polonia las tierras polacas y rusas de las que se había apoderado anteriormente, aceptar el catolicismo como religión del Estado y casarse con la reina polaca Eduviges. En febrero de 1386, Jagellón fue bautizado y se casó. Subió al trono con el nombre de Vladislao II, aunque la historia lo recordará como el fundador de la dinastía jagellónica, que gobernó en los estados centroeuropeos en los siglos XIV y XVI.

En 1389, Jagellón, también conocido como el rey polaco Vladislao II, declaró la guerra a su primo Vitautas por el poder en Lituania. El resultado de la guerra en 1392 fue el Acuerdo de Ostrów, por el que Vitautas reconoció formalmente a Jagellón como su soberano. En virtud de este tratado, el reino polaco recibió una parte de Galitzia y Volinia. Esta división se mantuvo hasta la firma del acuerdo de La Unión de Lublin en 1569, que dio lugar a la creación de una federación del Reino de Polonia y el Gran Ducado de Lituania.

Władysław II Jagiełło (Jogaila), King of Poland

Esta federación, llamada Mancomunidad de Polonia-Lituania, en su apogeo ocupaba el territorio de la actual Polonia, Ucrania, Bielorrusia, Lituania, así como partes de Rusia, Letonia, Estonia, Moldavia y Eslovaquia. La Mancomunidad de Polonia-Lituania comprendía Volinia, Podolia y la región de Kiev.

A finales del siglo XVI y del XVII, Rus antigua se vio envuelta en los llamados Tiempos Turbios. Los polacos se aprovecharon de la difícil situación del Estado ruso, ocuparon Moscú y Tver y asolaron muchas ciudades del norte. Los grupos de bandidos, que se unieron a los intervencionistas polacos, masacraron a Kíneshma y quemaron Gálich. Los saqueos y la violencia provocaron un levantamiento popular y pocos años después, las milicias de Kuzmá Minin y el príncipe Dmitri Mijaílovich Pozharski expulsaron a los polacos de vuelta al oeste.

Comienza así un periodo de guerras ruso-polacas. Polonia busca afianzarse en las tierras ocupadas, mientras que Rusia quiere recuperar lo que ha perdido durante la época de los Tiempos Turbios. En agosto de 1612, las milicias de Minin y Pozharsky, apoyadas por los cosacos de Trubetskoy, derrotaron al contingente de Hetman Khodkevich, que no consiguió abrirse paso para ayudar a los polacos que ocupaban Moscú. En octubre de 1612, la guarnición polaca en Moscú capituló.

Tras varios intentos infructuosos de recuperar el control sobre Moscú, Polonia firmó la Tregua de Deúlino el 11 de diciembre de 1618. Como resultado de la primera guerra ruso-polaca de 1609-1618, los polacos perdieron finalmente el control de Moscú y sus zonas adyacentes. Pero Smolensk, Chernigov, Dorogobuzh y otras ciudades de la periferia sur-occidental y occidental seguían bajo poder polaco.

El resultado de la segunda guerra ruso-polaca de 1632-1634 fue el abandono por parte de Polonia de sus pretensiones al trono ruso.

En 1654 estalló una nueva guerra entre Polonia y Rusia por la posesión de la Ucrania del Margen Izquierdo. Después de 13 años, la exhausta Polonia firmó el Tratado de Andrusovo, con el que renunciaba a las tierras de Smolensk y Seversk, así como a la provincia de Chernigov. La Ucrania del Margen Izquierdo fue reconocida como posesión rusa, Kiev fue cedida a Rusia por dos años y se estableció una administración conjunta polaco-rusa sobre los territorios de la Sich de Zaporoyia.

En 1686, Rusia y Polonia firmaron el «Tratado de Paz Eterna», por el que Rusia compra por 146 mil rublos la renuncia polaca a las reclamaciones sobre Kiev.

El periodo de guerras ruso-polacas terminó finalmente el 1 de marzo de 1772, cuando los representantes de Austria, Prusia y Rusia firman un acuerdo sobre la primera partición de Polonia. Es muy significativo que en 1773 esta partición fuera reconocida por el Sejm polaco.

Los ejércitos de las potencias firmantes entraron en el territorio de la Mancomunidad Polaco-Lituana y ocuparon las zonas que les asignaba el tratado. Rusia consigue una parte del territorio báltico y una parte de lo que es hoy Bielorrusia. Rusia obtiene una superficie de 93 mil kilómetros cuadrados y una población de 1 millón 300 mil personas. Catalina II se lamentó de que Galitzia pasara a formar parte de Austria e incluso quiso re-comprarla más adelante.

La segunda partición de Polonia tuvo lugar en 1793, con la participación de Rusia y Prusia. Como resultado de esta partición, Rusia recibió la parte central de Bielorrusia, la parte oriental de Polesia, Podolia y parte de Volinia.

La tercera y última división de la Mancomunidad Polaco-Lituana se formalizó en 1795. En palabras del historiador S. Solovyov, «la propia naturaleza indicaba los límites» de las tierras que se cedían en favor de Rusia. La emperatriz Catalina recibió el resto de las tierras ucranianas, lituanas y bielorrusas, incluyendo Volinia y Curlandia. Galitzia siguió siendo austriaca.

En general, según V. Kliuchevski, como resultado de las tres particiones «Rusia no se apropió de nada intrínsecamente polaco, sólo se llevó sus antiguas tierras y parte de Lituania, las que antaño anexó Polonia«. Según el historiador, el rey prusiano Federico II era de la misma opinión, admitiendo en la reunión de los jefes de los tres estados que sólo Rusia tenía derecho a hacer eso a Polonia, «lo que no se puede decir de nosotros y de Austria«

En 1807, Napoleón arrebató a Prusia los antiguos territorios polacos y creó sobre ellos el Gran Ducado de Varsovia. Dos años más tarde, Napoleón le añadió las tierras de la derrotada Austria, que había obtenido como resultado de la Tercera Partición de Polonia.

En 1815, tras la derrota de Napoleón, la parte occidental del Gran Ducado de Varsovia cayó en manos de Prusia. La otra parte se incorporó al Imperio ruso como Reino de Polonia. El Congreso de Viena de 1815 aprobó esta demarcación.

Desde 1795 hasta 1917, los polacos no tuvieron un Estado nacional propio. La aparición de una Polonia independiente estuvo relacionada con los acontecimientos revolucionarios en Rusia. El 27 de marzo de 1917, el Consejo (Soviet) de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado aprobó un llamamiento al «Pueblo de Polonia»:

«El régimen zarista, que durante siglo y medio ha oprimido al pueblo polaco al mismo tiempo que al ruso, ha sido derrocado por las fuerzas unidas del proletariado y las tropas. <…> La democracia en Rusia se basa en el reconocimiento de la autodeterminación nacional y política de los pueblos y proclama que Polonia tiene derecho a ser completamente independiente en términos de relaciones estatales e internacionales«.

El 10 de septiembre de 1919, mediante el El Tratado de Saint-Germain-en-Laye, que Austria firmó tras su derrota en la Primera Guerra Mundial, las «potencias aliadas y unidas» (EE.UU., Imperio Británico, Francia, Italia, Japón y otras) obligaron a Austria a reconocer las nuevas fronteras de Polonia y a no oponerse a sus posteriores cambios a costa del territorio austriaco. Aprovechando este tratado, Polonia ocupó Galitzia y el 14 de marzo de 1923, en la conferencia de embajadores de las potencias aliadas, se aseguró diplomáticamente su autoridad sobre este territorio.

En ese mismo año, 1919, las tropas polacas, formadas y armadas por Francia, ya estaban empujando hacia el este con toda su fuerza. El Alto Consejo de la Entente recomendó que Polonia se detuviera en la “Línea Curzon», adoptándola como su frontera oriental, pasando por Grodno – Jalovka – Nemirov – Brest – Dorohusk – Ustyluh, al este de Hrubieszow, a través de Krylov y más al oeste de Rava Rusa, al este de Peremyshl hasta los Cárpatos. Sin embargo, esto era mera retórica diplomática. Polonia, incitada y armada por la Entente, arrebató a Rusia, debilitada por la Guerra Civil, parte de las tierras bielorrusas y ucranianas: Novogrudok, Polesia, Volinia.

Sin embargo, el Ejército Rojo logró dar un giro a la guerra y hacer retroceder a los polacos hacia el oeste. El Ejército Rojo sólo se detuvo ante los muros de Varsovia. El repentino y todavía no explicado históricamente rescate de Varsovia fue llamado por los propios polacos Cud nad Wisłą, o «El milagro del Vístula».

La repentina y costosa retirada del Ejército Rojo de Varsovia fue el resultado de la firma del tratado fronterizo en Riga en marzo de 1921, que cedía las partes occidentales de Ucrania y Bielorrusia a Polonia. La frontera fijada por el Tratado de Riga no se correspondía ni con el mapa etnográfico del asentamiento de los polacos, ni con las fronteras históricas de Polonia antes de las tres particiones. Los historiadores nacionales y la mayoría de los investigadores extranjeros la califican como una frontera establecida como resultado de las acciones agresivas polacas.

«La Primera Guerra Mundial, gracias a la Revolución Rusa y a la derrota de Austria y Alemania, trajo la libertad y la independencia a Polonia. El gobierno soviético aceptó voluntariamente la restauración del Estado polaco dentro de sus fronteras etnográficas. Esto significaba, y era importante para la Rusia soviética, que la frontera oriental polaca debía discurrir a lo largo de la «línea Curzon», por donde había discurrido originalmente. Si se hubiera aceptado esta línea de demarcación, la historia de las relaciones soviético-polacas entre 1919 y 1939 podría haber sido muy diferente, la misma historia de Europa podría haber sido diferente y quizás no habría habido Segunda Guerra Mundial. Lamentablemente, en 1920, Pilsudski, sin duda alentado por los malos consejeros de las cancillerías de Londres y París, repitió el trágico crimen cometido por los dirigentes polacos seis siglos antes. Aprovechando la ocupación de la Rusia soviética por sus enemigos, el ejército polaco invadió Rusia y anexionó los territorios ucranianos y bielorrusos, aprovechando la firma del tratado de Riga”, como escribieron los investigadores ingleses Coats.

A esto le siguió la “polonización” activa de los territorios ucranianos y bielorrusos. Los registros estatales, administrativos y judiciales se tradujeron al polaco. Los billetes de tren estaban marcados con los nombres de las estaciones polacas y las oficinas de correos y telégrafos se negaban a aceptar envíos en otro idioma que no fuera el polaco.

«Durante los primeros 10 años de dominio polaco en Ucrania Occidental, el número de escuelas populares se redujo de 3.600 a 400-500 <…> Se proclamó la tesis de que ”en Polonia no hay rusos», justificando la eliminación total de las escuelas rusas. Según este plan, se propuso cambiar completamente a la lengua polaca. Las escuelas que querían conservar la enseñanza en ruso fueron cerradas«.

La política exterior polaca había comenzado a tomar forma en torno a la idea jaguelónica de expansión hacia el este. La realización práctica de la idea jagellónica fue el «prometeísmo», un proyecto especial del servicio de inteligencia polaco que acogió a representantes rusófobos de la contrarrevolución pseudo-nacionalista ucraniana, georgiana y tártara, entre otras. Fueron los líderes de la emigración georgiana quienes sugirieron el nombre de «proyecto prometeico», relacionado metafóricamente con la leyenda del luchador por la libertad Prometeo, encadenado, según una versión del mito, a las montañas georgianas. Habiendo presentado a los «pueblos esclavizados» como una víctima colectiva, los servicios especiales polacos pretendían actuar como «Hércules», liberando a esa víctima – «Prometeo»- de las cadenas y el tormento.

Como informan los autores del artículo «Organización «Prometeo» y el movimiento «prometeico» en los planes de la inteligencia polaca para la desintegración de Rusia/URSS», escrito sobre la base de materiales de archivo que llegaron a la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial, este proyecto especial implicaba «acciones específicas de la inteligencia polaca, que tienen como objetivo el desmembramiento territorial de la URSS a través de un proceso bien organizado y controlado por ella de consolidación de las fuerzas nacionalistas anti-rrusas de diversos tipos, incluidas las nacional-separatistas o las nacional-integristas«.

En 1928 se creó en Varsovia un club con el largo nombre de «Prometeo: Liga de los pueblos Azerbaiyán, Don, Carelia, Georgia, Idel-Ural, Ingria, Crimea, Komi, Kuban, Cáucaso Norte, Turkestán y Ucrania Oprimidos por Rusia.». El oficial de inteligencia polaco Edmund Haraszkiewicz supervisó el trabajo de «Prometeo» en Varsovia.

En cuanto a la escala de las actividades de espionaje y sabotaje contra la Unión Soviética, así como el número y la diversidad nacional del personal, la organización «Prometeo» no tuvo análogos en los 20-30 años del siglo XX.

Poniendo en práctica la «idea jagellónica» mediante guerras de conquista y anexiones, Polonia en 1938, en palabras de Winston Churchill, «participó con la avidez de una hiena en el saqueo y la destrucción del Estado checoslovaco«.

La expansión polaca se vio frustrada por Alemania. Esta atacó a Polonia el 1 de septiembre de 1939 y Varsovia cayó en menos de un mes. Polonia volvió a perder su condición de Estado y las tropas fronterizas del Ejército Rojo se situaron en los «Kresy Orientales».

En la noche del 16 al 17 de septiembre de 1939, el embajador polaco en Moscú, Waclaw Grzybowski, fue convocado por el viceministro de Asuntos Exteriores soviético Vladimir Potemkin, quien le leyó una nota dirigida al gobierno polaco:

«La guerra polaco-alemana reveló el fracaso interno del Estado polaco. En diez días de operaciones militares, Polonia había perdido todas sus zonas industriales y centros culturales. Varsovia, como capital de Polonia, ya no existe. El gobierno polaco se ha desintegrado y no da señales de vida. Esto significa que el Estado de polaco y su gobierno de hecho han dejado de existir. Así, los tratados celebrados entre la URSS y Polonia han dejado de tener efecto.

Abandonada a su suerte y sin liderazgo, Polonia se ha convertido en un campo propicio para todo tipo de contingencias y sorpresas que podrían poner en peligro a la URSS. Por lo tanto, siendo hasta ahora neutral, el Gobierno soviético ya no puede ser neutral sobre estos hechos. El Gobierno soviético tampoco puede ser indiferente al hecho de que sus propios congéneres ucranianos y bielorrusos que viven en el territorio de Polonia, abandonados a merced del destino, queden desprotegidos.

Ante esta situación, el gobierno soviético ordenó a la Comandancia General del Ejército Rojo que ordenara a las tropas cruzar la frontera y tomar bajo su protección las vidas y los bienes de la población de Ucrania Occidental y Bielorrusia Occidental.

Al mismo tiempo, el Gobierno soviético tiene la intención de tomar todas las medidas para rescatar al pueblo polaco de la desafortunada guerra a la que ha sido arrojado por sus irrazonables dirigentes y permitirle llevar una vida pacífica«.

Para entonces, el gobierno y los mandos militares polacos habían huido del país. El supervisor del proyecto «Prometeo», Haraszkiewicz, también huyó. Instalado en París, continuó su labor ideológica y escribió la historia del prometeísmo.

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, parte de la red Prometeo, junto con los oficiales de la Sección II del Estado Mayor que la supervisaban, fue, según algunos informes, reclutada por la inteligencia británica. Otros, la mayoría de los agentes de «Prometheus» pasaron a estar directamente subordinados a los servicios de seguridad nazis, con su posterior utilización en unidades subversivas como «Brandenburg- 800», escuelas de inteligencia «Jagdferband Ost» y «Zeppelin», así como en el grupo especial de propaganda y traducción «Wineta» del Ministerio de Propaganda nazi.

Liberada por los soldados soviéticos de la ocupación nazi como resultado de su victoria sobre el Reich alemán, Polonia recuperó su independencia. La frontera soviético-polaca se trazó a lo largo de la «línea Curzon», de modo que la URSS conservó el oeste de Bielorrusia y el oeste de Ucrania con Lvov. Estos cambios se formalizaron con el Acuerdo sobre la frontera estatal soviético-polaca, firmado en agosto de 1945.

Mientras tanto, los círculos de emigrantes polacos comenzaron a desarrollar la «doctrina Giedroyc-Meroszewski» contra la URSS. Los propios autores de la doctrina la describen como el prometeísmo en la clandestinidad.

El concepto clave de la doctrina Giedroyc-Meroszewski es la llamada región ULB, llamada así por las primeras letras de las repúblicas soviéticas fronterizas con Polonia: Ucrania, Lituania y Bielorrusia. Allí se encuentran las «Kresy Orientales», y son sus pueblos los que iban a participar en los conflictos interétnicos presentados como una lucha por la autodeterminación nacional contra el imperialismo ruso.

Jerzy Giedroyc

Jerzy Giedroyc es considerado el desarrollador de la doctrina. Durante la Segunda Guerra Mundial estuvo en el ejército del general Anders, formado en la URSS por polacos «bajo un mando designado por el Gobierno polaco con el consentimiento del Gobierno soviético

El 30 de septiembre de 1939 se creó en Francia el Gobierno Polaco en el Exilio, formado por políticos y oficiales polacos. En el verano de 1940, se trasladó a Londres, donde permaneció en una postura anti-soviética hasta 1990.

El 30 de julio de 1941, en Londres, Wladyslaw Sikorski, primer ministro del gobierno polaco en el exilio, e Ivan Maisky, embajador soviético en Gran Bretaña, firmaron un acuerdo soviético-polaco sobre el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y la asistencia mutua en la guerra contra la Alemania de Hitler. Los tratados soviéticos con Alemania de 1939 sobre los cambios territoriales en Polonia fueron declarados inválidos.

Mientras tanto, el ejército polaco evitó por todos los medios la acción en el frente soviético-alemán.

«Se decía que [el comandante del ejército polaco en la URSS, el general] Anders había perdido completamente la cabeza, no quería luchar, sino que intentaba colarse en Hungría lo más rápidamente posible, evitando cualquier posibilidad de encontrarse con el enemigo. La gente decía que la única persona que pensaba y trabajaba para todos era el comandante Adam Soltan, jefe de Estado Mayor de Anders, y que sin él todo el grupo habría sido destruido«, recordaba Jerzy Klimkowski, ayudante de Anders.

Jerzy Giedroyc era el jefe del departamento de prensa en el ejército del general Anders. En 1945, Giedroyc se convirtió en jefe del Departamento Europeo del Ministerio de Información del gobierno polaco en Londres.

Desde 1947, Giedroyc es conocido como editor y autor del semanario político ilegal «Kultura» y de otras publicaciones periódicas antisoviéticas. Su compañero de armas Juliusz Mieroszewski, que también sirvió en el ejército de Anders, no regresó a su país tras su desmovilización y se estableció en Londres.

«Mieroszewski era un publicista que se inclinaba por la tesis de que la Unión Soviética no duraría, lo que significaba que se quebraría a lo largo de las uniones nacionales. Jerzy Giedroyc era de la misma opinión«, así escribe la revista Nueva Polonia sobre los autores del concepto ULB en 2013. La revista se autodenomina sucesora ideológica de Kultura, fundada por Jerzy Giedroyc y clausurada por voluntad del fundador tras su muerte en 2000.

Jerzy Giedroyc y Juliusz Mieroszewski propusieron el concepto de que los polacos debían luchar por la independencia de Ucrania (es decir, por la destrucción de la URSS). El principal obstáculo para la independencia de los ucranianos era su desconfianza y el miedo a siglos de expansionismo polaco impuesto despiadadamente a sangre y fuego. Giedroyc y Mieroszewski instaron a los polacos a abandonar este imperialismo, es decir, a olvidar la idea de la Gran Polonia hasta que Ucrania obtuviera finalmente su independencia.

Juliusz Meroszewski

Los redactores de la política exterior polaca de posguerra, que sucedió a los agresivos planes «prometeicos», partieron del supuesto de que la confrontación directa entre Polonia y la URSS no tenía perspectivas de éxito. El apoyo militar de los socios occidentales también estaba fuera del alcance de Polonia: al abandonar a Polonia en la Segunda Guerra Mundial, ellos socavaron su credibilidad.

«Los polacos, y no los rusos, vivieron el choque del levantamiento de Varsovia, el choque causado por el comportamiento de los aliados que abandonaron Polonia. <…> Nuestra concepción tradicional de Polonia como bastión de la civilización occidental se derrumbó. Nos traicionó nuestra propia historia, a la que habíamos hecho altares en la literatura, la pintura, la música. Hemos hecho un descubrimiento que para la gente no puede ser más terrible: hemos descubierto que la historia es un borrador de notas de una «casa muerta», en lugar de un pasado vivo confirmado en el presente«, describía con desesperación la confusión de la élite polaca, Juliusz Mieroszewski.

También propuso un concepto de guerra no clásica en el este, en el que los conflictos nacionales debían desempeñar un papel esencial. Debían desarrollarse en la región de ULB, en la misma » periferia oriental » que la élite polaca consideraba suya y que los emigrantes polacos anti-soviéticos habían pedido supuestamente que se abandonara.

«En la emigración [polaca] hay un anticomunismo feroz que sólo engendra un odio animal hacia Rusia«, escribió Juliusz Mieroszewski. «Este anticomunismo carece de alcance moral, porque se funde con el egoísmo nacional e incluso con el nacionalismo estrecho. «El Gulag» nos interesa sólo en la medida en que en esta pirámide de cuerpos y almas atormentados podemos descubrir la esperanza de la destrucción de Rusia, lo que, a su vez, nos permitiría devolver Vilna, Lvov y tal vez algo más a Polonia«.

El primer objetivo de la doctrina Giedroyc-Mieroszewski era persuadir a los propios polacos para que abandonaran sus aspiraciones al imperialismo y olvidaran el sueño del retorno de los «Kresy».

El segundo objetivo era tranquilizar a los ucranianos, convencerlos de que los polacos eran inofensivos y de que Polonia había renunciado total y absolutamente a cualquier reivindicación territorial. «La doctrina Giedroyć postulaba una ruptura fundamental con el paradigma jagueliano, declarándolo imperial y por lo tanto inaceptable en el mundo moderno. Sin embargo, tampoco pidió que se volviera a los tiempos de Piasta. Por el contrario, toda su atención se centró en la necesidad de una nueva política activa en el Este, una política sobre nuevas bases y con nuevos objetivos. Ahora el principal objetivo de Polonia es la independencia de la región de ULB de Rusia. La prenda para ello es lograr la plena influencia polaca en estos territorios, lo que puede resucitar fácilmente, si es necesario, la «noble idea jagellónica», a la que se supone que la doctrina llama a renunciar«, afirma el historiador y politólogo Oleg Nemenski.

Habiendo confiado en los polacos, los ucranianos deben obtener la independencia no sin ayuda del exterior – esta es la tercera, pero no la última parte de la doctrina.

«Se considera que la «operación» más exitosa bajo esta doctrina es la «Revolución Naranja» en Ucrania«, escribe Nemenski.

Esto significa que, tras la caída de la URSS, el proceso de liberación de los «pueblos esclavizados» no se detuvo, sino que pasó a una fase diferente y más dura.

El Primer Ministro polaco, D. Tusk, declaró en una entrevista a Gazeta Wyborcza el 10 de mayo de 2010:

«Ahora está claro que nada será fácil con nuestros socios del Este durante muchos años. <…> Cabe añadir que las comunidades de ucranianos que desean más que otras la independencia, no son fervientes en su amor por Polonia. Así, la idea de Giedroyć, el legado político y moral de los círculos de la «Kultura» de París, sigue siendo relevante. Debemos mantener el dedo en el pulso de Ucrania y Rusia. Y ayudar a Ucrania a construir un estado estable«.

Así pues, la doctrina no sólo se refiere a la independencia de Ucrania, sino también a la construcción de un «Estado estable». ¿Pero qué puede interponerse a la estabilidad de Ucrania?

En diciembre de 2013, el ex primer ministro polaco Jarosław Kaczyński se dirigió al Euromaidán. Tras expresar su apoyo a la Revolución Naranja, Kaczynski terminó su discurso con el saludo de los seguidores de Bandera: «¡Gloria a Ucrania!». «¡Gloria a los héroes!» – respondió la multitud. [Este saludo es el equivalente ucraniano al lema franquista «¡Arriba España!» – nota del traductor]

Mucho antes del Maidan e incluso mucho antes del colapso de la URSS, Jerzy Giedroyc ya era consciente del «diablo para el trabajo sucio» que él y Mieroszewski querían utilizar en Ucrania:

«Este movimiento [disidente] sigue siendo fuerte, incluso más que en la propia Rusia. No sólo abarca los círculos estrechos de la intelectualidad, sino que está profundamente arraigado en el entorno académico y, sobre todo, en las masas. Y esto no es tan bonito, porque este movimiento amenudo adquiere un carácter nazi. Desde el punto de vista práctico, el eslogan «masacrar a los comunistas y a los rusos» y otros sentimientos similares calan antes que nada en las masas«.

Tras la URSS debe producirse el colapso de Rusia. Sólo entonces las élites polacas, reunidas en torno al concepto Giedroyc-Mieroszewski, podrán despojarse de sus máscaras pacifistas y mostrar su sed latente de dominación. Las herramientas para la destrucción de la Federación Rusa siguen siendo las mismas: los conflictos nacionales, en los que el violín principal lo protagonizan el «ucranismo» militante, el «georgianismo» y construcciones similares, orientadas a la consigna de «masacrar a los comunistas y a los rusos».

Giedroyć no ocultaba las perspectivas de su doctrina. En 1981 describió estas perspectivas de la siguiente manera:

«Saben, así es como sueño: sería bueno que se produjera un escándalo. <…> Hasta una nueva guerra mundial. <…> Todo se derrumbaría. Todo. Y podríamos conducir desde el Canal de la Mancha hasta el Océano Ártico. En carros de combate. Habría un caos sin precedentes. Creo que sería una revolución anarquista. Y hay terreno para ello en todas partes. Nada de ideología – la palabra sería de todos estos jóvenes de hoy, lo que tienen en sus cabezas. Pasarán cosas terribles«.

La doctrina Giedroyc-Meroszewski es raramente mencionada por los políticos y diplomáticos oficiales debido a su naturaleza poco transparente y ambigua. Dadas estas circunstancias, una declaración de Adam Daniel Rothfeld, Ministro de Asuntos Exteriores polaco bajo el mandato de Kwasniewski, es de especial valor:

«No creo que en los años 70, o incluso más tarde, Aleksander Kwasniewski supusiera que si alguna vez llegaba a tener una influencia decisiva en la política, reconocería a Jerzy Giedroyć como la mayor autoridad y a su pensamiento político como una guía del camino. Kwaśniewski tuvo la valentía de decir, no sólo a sí mismo, sino -como presidente del Estado- y de declararlo públicamente. Se convirtió en un defensor de la idea del ULB y de la construcción de una nueva Europa del Este de acuerdo con la visión de Giedroyc y Mieroszewski».

La falta de sinceridad de la política polaca hacia Ucrania fue demostrada en noviembre de 2014 por el ministro polaco de Asuntos Exteriores, Grzegorz Schetyna.

«Creo que cualquier conversación seria sobre el futuro de Ucrania o la búsqueda de una respuesta a la cuestión de cómo poner fin al conflicto debe tener lugar en nuestra presencia. Discutir sobre Ucrania sin Polonia es como decidir el destino de Libia, Argelia, Túnez o Marruecos sin preguntar a Italia, Francia o España», admitió el ministro en una entrevista con Gazeta Wyborcza.

Pero si asumimos este punto de vista, debemos decir que hablar del destino de la propia Polonia sin Rusia es como hablar del Reino de Polonia sin el Imperio Ruso.

Fuente: https://rossaprimavera.ru/

Capítulo I (ver enlace más abajo)
http://eu.eot.su/2022/05/15/ucrania-en-los-planes-de-expansion-mundial-de-alemania-ucranismo-capitulo-i/

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