Ucrania en los planes de expansión mundial de Alemania – «Ucranismo..» Capítulo I

El 21 de noviembre de 2013 en Kiev, estallaron protestas masivas tras la decisión del gobierno de Yanukóvich de suspender la firma del acuerdo de asociación entre Ucrania y la Union Europea.

Las protestas se convirtieron rápidamente en una acción que duró meses y que los medios de comunicación locales y extranjeros bautizaron como «Euromaidán». El Euromaidán, como sabemos, se convirtió en una revuelta anticonstitucional, en la separación de Crimea de Ucrania y en una guerra civil en el sureste del país.

En este caso, nos interesa resaltar la participación de uno de los principales tutores europeos de Ucrania: Alemania.

Ya a principios de diciembre de 2013, el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Guido Westerwelle, visitó el Euromaidán. Tras esta visita, el sitio web del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán publicó su declaración: «No somos indiferentes al destino de Ucrania… Estas manifestaciones callejeras demuestran que el corazón del pueblo de Ucrania late por la Unión Europea«.

Además del apoyo político, Alemania prometió proporcionar a Kiev ayuda financiera. El 17 de febrero de 2014, los líderes del golpe de estado, Arseniy Yatsenyuk y Vitaliy Klitschko, se reunieron con la canciller alemana Angela Merkel en Berlín. Inmediatamente después de la reunión, Yatsenyuk declaró a los periodistas que se formaría un nuevo gobierno en Ucrania, que «recibirá ayuda de nuestros socios occidentales para estabilizar la situación financiera del país«. Además de Alemania, otros países occidentales también proporcionaron ayuda política y financiera a Kiev, y EE.UU. estuvo incluso dispuesto a proporcionar apoyo militar y técnico.

¿Por qué insiste Occidente en ayudar a Ucrania? Una de las principales razones es que los políticos y estrategas occidentales consideran a Ucrania un colchón entre Rusia y Europa. Un país capaz de servir como “cordón sanitario». George Friedman, jefe de la agencia privada de análisis de inteligencia estadounidense Stratfor, dijo en una entrevista con el periódico Kommersant el 19 de diciembre de 2014:

«Estados Unidos tendrá que tomar una decisión estratégica, no ahora, sino en el futuro: o bien intervenir más activamente en Ucrania, lo cual está plagado de dificultades, o bien construir una nueva alianza -dentro de la OTAN o fuera de ella- en la que participen Polonia, Rumanía, los países bálticos y, por ejemplo, Turquía. Esto ya está ocurriendo, lentamente, pero está ocurriendo. Y será algo que Rusia no aceptará: un «cordón sanitario». No es que Estados Unidos necesite controlar a Ucrania por sí misma, sino que es importante que ésta no sea controlada por Rusia«.

No es la primera vez que a Ucrania se la considera un parachoques y también una posible avanzada para un ataque a Rusia. Además, Alemania fue muy activa en esta cuestión durante el siglo pasado.

Basta con recordar la situación de finales del siglo XIX. En esa época habían surgido dos principales grupos políticos en la sociedad alemana.

Los representantes del primer grupo querían continuar la política de Bismarck y consideraban a Rusia como un socio igualitario.

El segundo grupo consideraba a Rusia como un adversario y estaba de acuerdo en que Alemania debía ampliar su territorio anexionándose las tierras rusas. Al mismo tiempo, las diferencias dentro del grupo anti-ruso se referían únicamente a cuales territorios de Rusia debían anexionarse y cómo debía organizarse su gestión política.

El núcleo de la parte más agresiva del grupo anti-ruso estaba formado por representantes de la Unión Pangermánica, un movimiento creado en 1891 para defender los intereses coloniales alemanes. Este movimiento nace directamente de la firma del tratado anglo-alemán sobre el reparto de las esferas de influencia en el este y el suroeste de África. Los representantes de la Unión Pangermánica criticaban al gobierno de Bismarck por las inadmisibles concesiones a Inglaterra en el reparto de las esferas de influencia en África, abogaban por la dominación mundial de Alemania y alimentaban los planes para la derrota de Rusia y la conquista de las tierras rusas hasta los Urales. Veían a Ucrania como un trampolín hacia el Este y a los movimientos nacionalistas ucranianos como un instrumento para desestabilizar a Rusia. En aquel momento no se hablaba de ningún gobierno independiente, ni siquiera títere, en Ucrania. Se trataba de la ocupación directa del territorio ucraniano. Más tarde, muchos miembros de la Unión Pangermánica vincularon su destino político al movimiento fascista.

El núcleo de la parte menos agresiva del grupo anti-ruso estaba formado principalmente por representantes del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán y figuras del entorno del káiser. Este grupo promovía la idea de desmembrar Rusia estableciendo estados independientes en su territorio. Consideraban a Ucrania un cordón sanitario destinado a contrarrestar la expansión de Rusia hacia Occidente. Los publicistas Paul Rohrbach y su amigo y colega Axel Schmidt fueron los promotores de estas ideas. Merece la pena prestar atención a estas figuras.

Paul Rohrbach, 1931

Karl Albert Paul Rohrbach fue un conocido publicista alemán del primer tercio del siglo XX. Fue autor de más de 2.500 publicaciones, centradas principalmente en el desarrollo de Alemania. En sus publicaciones, Rohrbach desarrolló la idea de la superioridad de la cultura alemana sobre otras culturas y en su importante papel en el “destino especial” de Alemania. Fue Rohrbach quien formuló la idea de crear estados independientes de jure y bajo el control absoluto de Berlín en los territorios occidentales de Rusia.

Rohrbach consideró que la derrota de Rusia en la guerra ruso-japonesa de 1904-1905 era una prueba de la debilidad de Rusia. En vísperas de la Primera Guerra Mundial, fue uno de los principales expertos en la «cuestión rusa» y como tal, asesoró al ejército y al Ministerio de Asuntos Exteriores alemán. A partir de 1918, Rohrbach se dedicó al tema de la independencia de Ucrania. En particular, insistía en que la situación del pueblo ucraniano no podía ser objeto de la política interior rusa, sino de la política internacional.

Axel Schmidt, amigo íntimo y colaborador de Rohrbach, fue también editor de revistas como “Política Alemana», «Ucrania» y «Pensamiento Alemán». Junto con Rorbach, fundó la Sociedad Germano-Ucraniana en Berlín en 1918. Fue uno de los expertos en cuestiones nacionales de Rusia y asesoró al gobierno alemán durante la campaña de propaganda anti-rusa. Era un ardiente partidario del expansionismo imperial alemán.

Casi un mes después del estallido de la Primera Guerra Mundial, el canciller del Reich, Theobald von Bethmann Hollweg, declaró que el «objetivo principal de la guerra» era «asegurar el Imperio Alemán en el Oeste y el Este para siempre«. En su programa afirmaba que era necesario «alejar a Rusia de la frontera alemana en la medida de lo posible y socavar su supremacía sobre los pueblos vasallos no rusos«.

Theobald von Bethmann Hollweg, 1915.

El 9 de septiembre de 1914, Theobald von Bethmann Hollweg escribió un memorándum a Clemens Delbrück, Secretario de Estado del Ministerio Imperial del Interior, «Sobre las líneas directrices de la política de pacificación», en el que exponía las ideas de los industriales y financieros alemanes. En particular, von Bethmann Holweg sostuvo las tesis de una Europa Central (Mitteleuropa) en la que Alemania lograría el dominio sobre Francia, Bélgica, Holanda, Austria-Hungría, Polonia y si fuera posible, otros países. Y así también crear un cinturón de «estados colchón» alrededor y a expensas de Rusia.

El «objetivo principal» de «asegurar el Imperio Alemán en el Este» declarado por el Canciller del Reich comenzó a materializarse mucho antes de que empezara la guerra.

El periódico polaco Słowo informó en 1912 de la financiación por parte de la embajada alemana en Viena a la revista Ukrainische Rundschau, que se dedicaba activamente a la propaganda antirrusa: «El periódico tiene conocimiento de que entre la embajada alemana en Viena y agentes ucranianos (…) existe una conexión no sólo espiritual, sino también material, es decir, financiera; el vínculo intermediario no es el propio embajador, sino el consejero de la embajada Dietrich von Bethmann Hollweg, primo del canciller«.

Del consulado alemán en Lvov, Słowo escribía que éste «se ocupaba principalmente de los asuntos ucranianos en Rusia. Además de las relaciones directas con sus lacayos ucranianos, Berlín influye en los asuntos ucranianos en Austria mediante la presión diplomática sobre el gobierno austriaco«.

Además, Alemania prestaba atención al movimiento nacionalista fomentado por Austria-Hungría en Galitzia y Bucovina. La política de los Habsburgo en ese país se alineaba con los intereses alemanes. Los austriacos cerraban las escuelas e internados rusos, las iglesias y capillas ortodoxas y prohibían misas ortodoxas. Al mismo tiempo, los movimientos y organizaciones nacionalistas ucranianos recibían apoyo político y financiero. En respuesta a esta política, los líderes nacionalistas ucranianos aseguraban su lealtad a los gobiernos austriaco y alemán. Aunque esa lealtad ponía inmediatamente en tela de juicio todas sus declaraciones sobre la independencia de Ucrania.

Uno de estos nacionalistas ucranianos, Dimitri Dontsov, declaró en 1913 -en el Segundo Congreso de Estudiantes Ucranianos celebrado en Lvov- que en la futura guerra con Rusia los que no se alineasen con Austria y Alemania serían considerados criminales por su nación. Dontsov argumentó que el lema de la independencia ya no era relevante. Calificó más relevante, real, concreta y realizable la consigna de la separación de Rusia, rompiendo cualquier vínculo con ella. Dontsov llamó abiertamente al separatismo político. Argumentó que debido al curso objetivo de los acontecimientos, toda derrota de Rusia y todo desprendimiento de cualquier trozo de territorio ucraniano a favor de Austria conduciría a la consolidación y al fortalecimiento del elemento ucraniano en Austria y por lo tanto en Rusia, y acercaría el momento de la liberación final de Ucrania.

A finales de julio de 1914 se celebró en Viena una reunión secreta de los más altos funcionarios. En la reunión se le pidió a uno de sus participantes, arzobispo de la Iglesia greco-católica ucraniana, Andrey Sheptytsky, que «preparara las instrucciones para los gobiernos austriaco y alemán sobre su futura política en Ucrania en caso del colapso de Rusia«.

La analogía con la situación actual es evidente. Los líderes del Euromaidan no ocultan que sus raíces ideológicas se remontan a Dontsov y Sheptytsky. Arseniy Yatsenyuk (que fue primer ministro de Ucrania de 2014 a 2016) elogió las obras de Sheptytsky ya en su artículo del 2010, donde habló de la construcción del Estado según sus modelos: «No es casualidad que el arzobispo elija «Jata» [«casa» en ucraniano – nota del traductor] como modelo de Estado«, escribió Yatsenyuk sobre el libro de Sheptytsky «Cómo construir una Jata nativa», «que solo puede construirse con un proyecto bien pensado y «armado con suficientes conocimientos» de antemano.

El inicio de los disturbios en Kiev en noviembre de 2013 estuvo precedido de largos preparativos según un plan preestablecido. George Friedman admitió en junio de 2014: «Para ellos (para Moscú – nota del autor) las declaraciones occidentales sobre un levantamiento popular en Ucrania, pueden ser refutadas con el argumento de que las ONG -financiadas por Occidente- fueron claves en el apoyo al movimiento para derrocar al gobierno«.

Volviendo a los acontecimientos de principios del siglo XX, los nacionalistas ucranianos saludaron abiertamente el comienzo de la Primera Guerra Mundial, con la esperanza de que Alemania y Austria-Hungría ganaran la guerra. En Lviv, los representantes de los partidos nacional-demócrata, radical y socialdemócrata formaron la Rada Ucraniana Principal (HUR), encabezada por una figura destacada de la Unión de Liberación de Ucrania pro-alemana, Kostem Levitsky. Tras el derrocamiento de la monarquía en Rusia como resultado de la Revolución de Febrero, los partidos políticos y los movimientos sociales de Ucrania decidieron tomar el poder y formaron la Rada Central en Kiev.

Tras la Gran Revolución Socialista de Octubre, la Rada Central declaró la creación de la República Popular Ucraniana (RPU), una entidad federal dentro de Rusia. El 22 de enero de 1918, la Rada declaró a la RPU estado independiente. El 9 de febrero de 1918, en Brest-Litovsk, una delegación de la Rada Central firmó un acuerdo independiente de paz con los representantes de las Potencias Centrales (Alemania, Austria-Hungría, Turquía y Bulgaria).

Las potencias centrales reconocieron la soberanía de la RPU y se comprometieron a apoyarla militarmente. A cambio, el nuevo gobierno ucraniano se comprometió a suministrarles alimentos y materias primas. Ya en marzo de 1918, a petición de los representantes de la República Popular de Ucrania, las tropas alemanas entraron en Kiev.

Ahora, casi un siglo después, se ha producido una situación similar. Ucrania ha firmado un acuerdo de asociación con la UE que, según los expertos, permite a los «socios occidentales» simplemente saquear la economía ucraniana. Hay instructores militares extranjeros en Ucrania, y las reformas son llevadas a cabo por funcionarios extranjeros que han adquirido la ciudadanía ucraniana específicamente para trabajar en el gobierno ucraniano. Hasta ahora sólo falta una ocupación militar directa del país.

¿A qué condujo la política descrita a principios del siglo XX?

La correspondencia entre los embajadores y los representantes militares alemanes y austrohúngaros en Ucrania permite hacerse una idea completa de la dinámica de los acontecimientos. Esta correspondencia fue publicada en 1936 por la editorial estatal.

El embajador alemán en Kiev, Philipp Alphonsus Mumm, 1918

De los documentos contenidos en esta correspondencia se desprende inmediatamente que la independencia de Ucrania era puramente nominal. «El objetivo principal de nuestra ocupación«, instruía el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán a su embajador en Kiev el 26 de marzo de 1918, «es asegurar las exportaciones de pan de Ucrania a los países de Europa Central… Es necesario señalar constantemente al gobierno de la Rada que hemos cumplido su petición de reforzar su posición, pero, por otra parte, nos vemos obligados a exigir que se tomen todas las medidas para asegurar la salida del pan«.

Hoy en día la mercancía más codiciada de Alemania no es el pan, sino el petróleo y el gas. Pero su enfoque para satisfacer sus necesidades es el mismo que hace un siglo. Y esto se nota incluso mediante una comparación superficial.

El 8 de septiembre de 2014, Poroshenko [ Petro Poroshenko fue presidente de Ucrania en la época post-maidan en el periodo 2014-2019 – nota del traductor] reformó la gestión del sector del transporte de gas de Ucrania. Las entidades jurídicas «poseídas y controladas por residentes de la Unión Europea, Estados Unidos o la Comunidad Europea de la Energía» fueron autorizadas a gestionar la red de transporte de gas.

A principios del siglo XX, el nuevo gobierno de Ucrania no pudo proporcionar por sí mismo el volumen necesario de exportaciones de grano a Europa. El 26 de marzo de 1918, el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán daba instrucciones a su embajador en Kiev: «Estamos lejos de pensar en interferir en los asuntos internos de Ucrania, pero tenemos que procurar que los campos se cultiven en su totalidad, aunque haya que sacrificar unos que otros principios«.

Pronto la situación se deterioró hasta tal punto que los militares alemanes se ofrecieron a tomar el control directo. El general Wilhelm Grener, jefe del Estado Mayor del Grupo de Ejércitos «Kiev», en su carta del 31 de marzo de 1918 al embajador alemán en Kiev, Philipp Alphonsus Mumm von Schwarzenstein, señala: «A juzgar por las impresiones que se han formado nuestros comandantes <…> aunque el gobierno está llevando a cabo las medidas que deseamos, nadie en el campo piensa en cumplir sus órdenes«. Y sugiere: «En las zonas en las que hay un número suficiente de nuestras tropas de ocupación, hay que intentar en un futuro próximo poner en contacto a nuestros comisionados con los productores a través de los comerciantes locales«.

Propuestas similares recibió el 3 de abril de 1918 en un telegrama cifrado el embajador austrohúngaro en Kiev, el conde Johann Forgach: «El mariscal de campo-teniente Langer informa que cree firmemente en la posibilidad de recibir una cantidad considerable de alimentos de Ucrania con la condición de que: 1) si el gobierno ucraniano es sustituido por otro que no ofrezca resistencia pasiva, 2) si llegan al país suficientes tropas, y 3) si se muestra suficiente energía e implacabilidad en la obtención de alimentos.» Allí el Ministerio de Asuntos Exteriores también promete que «cuatro o cinco divisiones deben llegar a Ucrania» porque «Austria es incapaz de aguantar hasta la nueva cosecha; a menos que lleguen por lo menos cincuenta mil vagones antes de la nueva cosecha, que el Mariscal-Teniente de Campo Langer dice que pueden conseguirse, el desastre será inevitable«.

El 5 de abril, el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán reenvía a Mumm un informe del comisario militar alemán en Kiev, que dice lo siguiente:

«Una vez el gobierno ucraniano fue un instrumento adecuado para hacer la paz, pero en este momento su poder no se extiende más allá del poder de nuestras bayonetas. El gobierno tiene miedo de sacar el pan del país, y ni hablar en la cantidad estipulada en el tratado de paz… sólo será posible trabajar con este gobierno si se le obliga a actuar y a organizarse como nosotros le ordenemos«.

A estas alturas, la posición de Alemania en la guerra ya era muy difícil. La ofensiva de primavera a gran escala en el frente occidental requería enormes recursos y no permitía el uso de la fuerza militar para el control permanente de Ucrania. El 5 de abril, Mumm pide al Ministerio de Asuntos Exteriores alemán que envíe a Paul Rohrbach a Kiev para aplicar otros métodos: «Me parece que la influencia indirecta de un conocido amigo de la idea ucraniana, Rohrbach, sería más útil que la influencia directa a través de la embajada o el ejército, que se percibiría como violencia«.

Mientras tanto, los mismos grandes terratenientes ucranianos comenzaron a exigir el uso de la fuerza militar. Los campesinos, a los que la Rada Central de la República Popular de Ucrania había dado tierras, no querían cederlas a sus antiguos propietarios. Los terratenientes convencieron a los gobiernos alemán y austrohúngaro de que los campesinos, tras apoderarse de la propiedad de la tierra, no podrían cultivarla, que las cosechas se perderían y que esto provocaría hambrunas y disturbios. El representante de una delegación de terratenientes polacos en Varsovia, el conde Grocholski, a finales de abril de 1918, solicitando ayuda urgente al diplomático austrohúngaro Gabor Ugron, ofreció sus cálculos, según los cuales «el orden podría restablecerse fácilmente si cada distrito fuera dotado de unos 1000 soldados en columnas cerradas (con ametralladoras). Como hay 36 condados en la orilla derecha del Dniéper, 36 mil hombres serían suficientes para ello«.

Las medidas blandas y la petición de ayuda de Paul Rohrbach no lograron el resultado esperado. El 18 de abril de 1918, Mumm se puso de acuerdo con sus superiores sobre los planes para cambiar el gobierno ucraniano: «La razón para cambiar el gobierno, por ahora, puede ser la manifestación de los campesinos contra la política agraria del gobierno, prevista para el 15 de abril al viejo estilo«. Antes del cambio de gobierno de la Rada Central, los alemanes decidieron responsabilizarla de la firma de un nuevo acuerdo, aún más depredador para Ucrania, sobre el suministro de pan y productos a Alemania. Este se firmó el 23 de abril de 1918.

Oficiales alemanes posan con mujeres y una niña en una estación de distribución de Kiev, 1918

En la noche del 24 al 25 de abril fue secuestrado en Kiev el banquero Abram Dobry, a través de cuyo banco se realizaban las transacciones financieras de las fuerzas de ocupación con el Reichsbank. Este acontecimiento tuvo un efecto desencadenante.

El 25 de abril de 1918, el mariscal de campo Eichhorn, comandante de las fuerzas alemanas en Ucrania, emite una orden sobre los tribunales militares. Según la orden, en el territorio ucraniano las faltas contra el orden público, los delitos y los crímenes contra las tropas alemanas y aliadas «se someterán exclusivamente a un tribunal especializado militar alemán«.

El comando alemán declara que el ministro del Interior, Mijail Tkachenko, el ministro de Guerra, Alexander Zhukovsky, y el primer ministro, Vsevolod Golubovich, ordenaron el secuestro del banquero. El 28 de abril, las tropas alemanas disuelven la Rada Central y publican una orden para el establecimiento de tribunales militares. En la primera reunión del Congreso de Productores de Cereales de Ucrania, celebrada en Kiev el 29 de abril, Pavel Skoropadski es proclamado Hetman de Ucrania.

El 2 de mayo, Mumm escribe que «detrás de este nuevo gobierno se encuentra … la única autoridad del país en la actualidad: el Alto Mando alemán«. Sobre el secuestro del banquero, Mumm escribe que «la causa concreta de estos hechos fue bastante insignificante«.

El mando de Eichhorn valoraba positivamente la personalidad de Hetman Skoropadski. Según se aseguraba, Hetman estaba «claramente consciente de que el nivel normal de la economía del país sólo puede restablecerse si el país se orienta plenamente hacia Alemania«. En cuanto al poder sobre el terreno se afirma que «no será difícil para las tropas alemanas mantener el orden y la paz, si finalmente abandonamos la ficción de un país amigo … en el que debemos pedir permiso para nuestras acciones a los descuidados o desordenados comisarios y comandantes ucranianos … sólo será posible forzar el suministro de pan eliminando a los elementos inquietos en el campo«.

Imperador Guillermo II de Alemania (izquierda) y Hetman Skoropadski (derecha) en la reunión del estado mayor en Spa, 1918

El viceministro de Asuntos Exteriores, el barón von Busché, pide a Mumm una explicación más precisa del significado de la frase: «Es necesario abandonar la política que se reduce a una mera ficción de un país amigo«. «¿Significa esto«, se pregunta el barón, «que no debemos tratar a Ucrania como un Estado con relaciones pacíficas con nosotros, sino sólo como una zona bajo ocupación

Mumm responde explicando que en las relaciones entre Alemania y Ucrania es necesario mantener «la ficción de un Estado amigo independiente«. Y añade que esto es necesario para evitar las críticas de la opinión pública internacional y una reacción negativa de la población ucraniana.

El 22 de mayo de 1918, Eichhorn emite una orden al Ejército del Este en la que enumera las condiciones aceptadas por Hetman Skoropadsky como necesarias para el apoyo alemán a su gobierno. Entre ellas, la obligación de cumplir los acuerdos de Brest y la obligación de introducir procedimientos judiciales en territorio ucraniano por parte de los tribunales militares alemanes. En aquellos casos en que lo que ocurre no esté regulado por las leyes ucranianas, las leyes alemanas deben desempeñar el papel decisivo.

El gobierno de Skoropadski restableció los derechos de los grandes terratenientes. El pequeño campesinado sin tierra, que ya la había conseguido, comenzó a resistirse a la confiscación de tierras a favor de los terratenientes. Las autoridades reprimían brutalmente las rebeliones que estallaban, pero no había suficientes tropas ucranianas para hacerlo. En junio de 1918, el gobierno de Skoropadski buscó apoyo extranjero. El 21 de junio, el ministro de Asuntos Exteriores Doroshenko escribe en una carta al embajador alemán en Kiev que «las tropas alemanas sólo están representadas en ciertas zonas» y pide que «se distribuyan en todos los distritos para ayudar a las instituciones ucranianas«.

Mientras tanto, en los frentes de la Primera Guerra Mundial, todo se encaminaba hacia la derrota de Alemania. La ayuda militar alemana a las autoridades ucranianas ya no era posible.

El 11 de noviembre, una delegación alemana encabezada por el general de división Detlof von Winterfeldt firmó el Tratado de Rendición en el vagón del mariscal francés Ferdinand Foch, aceptando la derrota en la Primera Guerra Mundial.

Hetman Skoropadski firmó su renuncia el 14 de diciembre de 1918 y huyó a Alemania, donde continuó con sus actividades antisoviéticas. El 16 de abril de 1945 resultó gravemente herido durante el bombardeo aliado de la estación de tren de Plattling, cerca de Múnich, y murió 10 días después en un hospital de la ciudad bávara de Metten.

El Tratado de Versalles de 1919 puso a Alemania en una situación de extrema dificultad. En virtud del tratado, Alemania se quedó sin industria moderna. Se le prohibió tener un ejército grande (no más de 100.000 hombres, incluyendo no más de 4.000 oficiales), un estado mayor y una flota de submarinos. Además, se le privó de las colonias y tuvo que pagar enormes reparaciones a los vencedores.

En estas condiciones, el socio comercial más adecuado para Alemania era la Rusia soviética, que en ese momento se encontraba aislada política y económicamente. El país había emprendido una industrialización acelerada, tenía reservas de materias primas y minerales y capacidad para exportar productos alimenticios.

En estas condiciones, el socio comercial más adecuado para Alemania era la Rusia soviética, que en ese momento se encontraba aislada política y económicamente. El país había emprendido una industrialización acelerada, tenía reservas de materias primas y minerales y capacidad para exportar productos alimenticios.

Al mismo tiempo, los soviéticos se enfrentaban a una gran escasez de nuevas tecnologías, máquinas-herramientas y personal altamente cualificado, que, a su vez, poseía Alemania.

Oficiales alemanes del estado mayor en Minsk, 1918

A pesar de las evidentes ventajas para ambas partes, la élite alemana no tenía una postura unificada sobre la cuestión de la cooperación con el joven estado Soviético. Incluso antes de la firma del tratado de paz de Versalles, el asesor de asuntos orientales del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán, Rudolf Nadolny, formuló el dilema que condicionó el futuro camino de Alemania:

o «unirse a la Entente para una acción conjunta contra el bolchevismo«,
o «negociar con los bolcheviques y así ejercer presión sobre la Entente para lograr una paz barata«.

Una parte de la élite militar y de los grandes industriales capitalistas, cuyos intereses se vieron gravemente perjudicados por los términos del Tratado de Versalles, abogaron por la cooperación con el estado Soviético.

Al acordar con Alemania la modernización de algunas empresas de defensa soviéticas, la Unión Soviética pudo crear y probar los últimos avances, formar a especialistas militares y civiles y trabajar con los más modernos equipos producidos con tecnología alemana. A cambio, Alemania recibió acceso a las materias primas que necesitaba y la oportunidad de hacer contratos de defensa con la Unión Soviética y mejorar su tecnología.

Sin embargo, una parte de la élite alemana siguió siendo militantemente antisoviética. Este grupo incluía a miembros de la élite militar: Erich Ludendorff y Max Hoffmann, los industriales Fritz Thyssen, Albert Fegler, Karl Duisberg y Arnold Rechberg, el banquero Jalmar Schacht, el magnate de los medios de comunicación Alfred Guggenberg y el publicista Paul Rohrbach. El Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) se convirtió en un centro cada vez más poderoso para la cristalización de este grupo. Fundado como Partido Obrero Alemán en 1919 por los representantes de la Unión Pangermánica y rebautizado como NSDAP en 1920, incluía a los activistas sociales más radicales. Su retórica imperial y sus aspiraciones de revisar los términos del Tratado de Versalles lo hicieron atractivo tanto para los ideólogos amantes del imperio, como para los industriales y los militares.

El 1 de septiembre de 1939, Alemania inició la Segunda Guerra Mundial al derrotar y ocupar Polonia. En 1941, tras derrotar a Francia, Alemania se había hecho con el control de casi toda Europa y estaba preparada para marchar hacia el este.

El 2 de abril de 1941, Alfred Rosenberg, jefe del departamento de política exterior del NSDAP y jefe de la oficina para los territorios orientales, presentó el Informe # 1 a Adolf Hitler, el Führer de Alemania. En este documento, Rosenberg propuso dividir el territorio de la Unión Soviética en 7 regiones. Rusia, según su concepción, estaba representada por el centro histórico ruso (Moscovia) y sus regiones anexionadas a lo largo de los siglos, habitadas por pueblos que diferían de los rusos en términos culturales y religiosos.

Sobre Ucrania, Rosenberg escribió lo siguiente en esta nota:


«La tarea política en este territorio podría consistir en promover el crecimiento de una identidad nacional, posiblemente hasta la creación de un estado soberano que pudiera, de forma independiente o en cooperación con el Don y el Cáucaso en forma de una Unión del Mar Negro, ejercer una contención permanente de Moscú y garantizar la seguridad desde el este para un amplio espacio vital alemán«.

Sin embargo, Hitler aconsejó a Rosenberg que no se dejara llevar tanto por la política. El Führer estaba en contra de la preservación de Ucrania como estado independiente. Cinco días más tarde, en el Informe #2, Rosenberg utilizó una formulación más refinada referiéndose a Ucrania como un estado ucraniano independiente «que estará en estrecha e indisoluble unión con el Reich alemán«.

En el mismo documento él escribió: «Después del colapso de 1918, los dirigentes ucranianos hicieron una propuesta al Alto Mando de la Wehrmacht de no devolver las tropas a casa, sino de aceptar la ciudadanía ucraniana y comprometer a los soldados alemanes en Ucrania contra Moscú y el bolchevismo. Para planes de tal envergadura no hubo suficiente determinación política en su momento«. Casi veinte años después, Alemania ya tenía suficiente «determinación política» para reanudar la campaña en el Este.

Una versión más dura de la asimilación de Ucrania -como parte del Plan Ost- fue desarrollada, por petición de del Reichsführer Heinrich Himmler, por el jefe del departamento de planificación del «Departamento de Estado Mayor del Comisario Imperial de las SS para la Consolidación del Pueblo Alemán» Konrad Meyer-Hetling. En la versión de Meyer, se habla de la creación de comarcas de asentamientos alemanas en Tavria (incluidas las regiones de Dnepropetrovsk y Zaporozhye) y Crimea, así como de la «germanización» de los territorios ocupados y de reubicación de los habitantes autóctonos en otras zonas.

Cabe señalar que las autoridades ucranianas actuales actúan en el sureste del país con el espíritu del plan «Ost» nazi. El método para limpiar el territorio de la población «no deseada» es el bombardeo, que se utiliza tanto para matar a los civiles como para «expulsarlos de la tierra» (los ciudadanos que aún están vivos pero asustados por el bombardeo comienzan a abandonar el territorio en el que viven). Ya al comienzo de la llamada «ATO» («Operación antiterrorista» declarada por la junta ucraniana para re-someter por la fuerza a su control regiones del sureste ucraniano que no reconocían su autoridad – nota del traductor), concretamente el 14 de julio de 2014, el jefe del Servicio Federal de Migración de Rusia, Konstantin Romodanovsky, declaró: «Desde el comienzo del conflicto en Ucrania, unos 130 mil ciudadanos ucranianos han solicitado a las autoridades rusas una petición para poder permanecer en la Federación Rusa durante un tiempo prolongado«

Durante la Segunda Guerra Mundial, uno de los principales objetivos del Reich era obligar a Ucrania a suministrar alimentos a Alemania (al igual que durante la Primera Guerra Mundial). Alfred Rosenberg manifestó el 20 de junio de 1941:

«La provisión de alimentos para el pueblo alemán durante estos años será la demanda más importante de Alemania en el Este, las regiones del sur y el Cáucaso Norte tendrán que servir de compensación en la provisión de alimentos para el pueblo alemán. No nos consideramos en absoluto obligados a alimentar también al pueblo ruso a costa de estas fértiles regiones«.

La misma opinión tenía Erich Koch, el comisario de Reich en Ucrania. En una reunión en Rivne, del 26 al 28 de agosto de 1942, declaró:

«No hay una Ucrania libre. El objetivo de nuestro trabajo es hacer que los ucranianos trabajen para Alemania, no hacer feliz a esta nación. Ucrania tiene que suministrar lo que Alemania no tiene. Este trabajo debe llevarse a cabo sin tener en cuenta las pérdidas … La cantidad de grano que falta debe ser recuperada a expensas de Ucrania … El Führer ha exigido 3 millones de toneladas de grano de Ucrania para el Reich, y estos deben ser entregados. Él no quiere escuchar quejas sobre la falta de medios de transporte«.

La esencia de la nueva ideología de Alemania fue claramente formulada por el Reichsleiter Martin Bormann en su carta a Rosenberg el 23 de julio de 1942:

«Debemos tomar las medidas necesarias contra la multiplicación de la población no alemana… bajo ninguna circunstancia debe introducirse la atención [médica] alemana para la población local de las regiones orientales ocupadas. Por ejemplo, bajo ninguna circunstancia se deben administrar vacunas y otras medidas sanitarias a la población no alemana… Bajo ninguna circunstancia se debe impartir educación superior a la población local. Si cometemos este error, nosotros mismos generaremos resistencia contra nosotros en el futuro. Por lo tanto, en opinión del Führer, basta con enseñar a la población local, incluidos los llamados ucranianos, sólo a leer y escribir«.

La historia del antiguo principado de Crimea de Teodoro se utilizó para fundamentar las reivindicaciones históricas de Alemania sobre Crimea. Según datos históricos, el Principado estaba habitado por representantes de antiguas tribus germánicas: los godos. En julio de 1942 hubo una expedición arqueológica especial a Crimea. Su organizador fue el comisario general Alfred Frauenfeld, el jefe directo fue el Führer de las SS y de la policía de «Tavria» Ludolf von Alvensleben, el arqueólogo – Werner Baumelburg. En el transcurso de la expedición se examinaron las ruinas de la fortaleza de Mangup, la capital del principado destruida por las tropas del sultán turco Mehmed II en 1475. La expedición permitió concluir que la fortaleza de Mangup era un ejemplo típico del arte de la fortificación gótica.

Frauenfeld recomendó la repoblación con los alemanes del Tirol del Sur ( Provincia autónoma de Bolzano, Italia – nota del traductor) para poblar Crimea con una población alemana. En su opinión, esto resolvería la antigua disputa italo-alemana sobre aquel territorio. Henry Picker, que trabajó durante muchos años como taquígrafo de Hitler y publicó en 1951 un libro de conversaciones de Hitler con transcripciones de sus discursos, que actualmente está prohibido en territorio ruso, escribe que Hitler aprobó la idea de Frauenfeld. Según Picker, Hitler dijo que era una gran idea, que Crimea era adecuada para los tiroleses tanto desde el punto de vista climático como geográfico, y que, comparada con su tierra natal, era de hecho una tierra donde fluyen ríos de leche y miel. Y que su traslado a Crimea no les causaría ninguna dificultad física o psicológica. Estos y otros planes similares se vieron frustrados por la derrota de Alemania en la guerra con la Unión Soviética y su posterior división en las partes occidental y oriental.

La reunificación de Alemania en 1990 fue el prólogo de la desintegración de la URSS. Las condiciones de la nueva era postsoviética que le siguió dictan nuevas formas de interés alemán en el destino de Europa del Este y el espacio postsoviético.

En 1992, Alemania fue uno de los primeros países en abrir una embajada en Ucrania. En 1994, Ucrania firmó un Acuerdo de Asociación y Cooperación con los países de la Unión Europea, entre los que Alemania desempeña un papel destacado.

Alemania logró que se incluyeran en la Unión Europea los países de Europa del Este que en su momento formaron parte de la esfera de influencia soviética. Gracias a su apoyo, Hungría, Polonia, Rumanía, Eslovaquia, la República Checa, Estonia, Letonia y Lituania ingresaron en la UE en 2004. En 2009, Ucrania pasó a formar parte del proyecto internacional de la UE «Asociación Oriental».

Alemanes en Kiev, 1918

Hoy -después de la tragedia del Maidán de Kiev y de Odessa, con el trasfondo de la interminable guerra civil en el Donbass- no cabe duda de cuál es exactamente el contenido que el Kiev pro-Bandera ve en su infame rumbo europeo.

Obviamente, las consecuencias de este rumbo ucraniano son la rusofobia extrema, la oposición de la lengua ucraniana a la rusa, la ruptura de los lazos históricos entre los pueblos ruso y ucraniano, el fomento de formas específicas de nacionalismo ucraniano antirruso, encubierto por la retórica de la preocupación por la nación ucraniana y la protección de Ucrania frente a Rusia. Todo esto se hace bajo el paraguas de Europa, en el que obviamente Alemania desempeña un papel especialmente importante. Aprovechando ese papel, está promoviendo sus intereses en Ucrania, con la misma insistencia con que lo hizo a principios del siglo XX.

Sin embargo, la situación en Ucrania se está deteriorando demasiado rápido. La amenaza del colapso económico y político se cierne sobre el país. Este colapso, una vez iniciado, afectará inevitablemente a los intereses de la Unión Europea, que se ha involucrado con Ucrania por su cuenta y riesgo. ¿No intentará la Unión Europea y, sobre todo, Alemania, evitar el colapso o minimizar sus costes introduciendo en Ucrania las formas de gestión externa, que son algo similares a las que introdujo Alemania a principios del siglo XX?

Prefacio (ver enlace más abajo)

¿”Desafío ruso” o “respuesta rusa”? Prefacio “El ucranismo”.

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