Fascismo descubre la cara en Kazajistán

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El día 8 de septiembre del año 1941 comenzó el bloqueo de Leningrado*. Entre las unidades del ejército de Hitler que completaron el cerco de la ciudad, estaba la 250ª División de Infantería de Wehrmacht más conocida como la “División Azul”. En el transcurso de sus batallas ofensivas la “División Azul” fue derrotada por el Ejército Rojo, que sufrió considerables pérdidas. Es decir, los voluntarios de la “División Azul” fueron directamente responsables tanto de la muerte por hambre, enfermedades y privaciones de la población civil de Leningrado, como de la muerte de los soldados del ejército soviético, que liberaba su tierra de los invasores fascistas.

Al hacer este breve repaso de los hechos históricos, me gustaría presentar a los lectores el artículo “Memoria histórica: visita del Vicepresidente de la fundación de la División Azul a los campos comunistas de prisioneros en la República de Kazajistán – abril de 2015”, publicado en la web de la “Hermandad Nacional de la División Azul”, y hacer algunos comentarios a este texto.

(Fuente: http://www.hermandadnacionaldivisionazul.es/hermandad-nacional/)

El día 31 de mayo, quedó inaugurado en Karagandá (Kazajistán), un monolito conmemorativo en memoria de los españoles que fueron confinados por la Rusia comunista durante la era de Stalin en los Gulags de Karagandá, un complejo de diversos campos para prisioneros ubicado en el centro de la actual República de Kazajistán.”

¿De qué españoles confinados en la “era de Stalin” se trata? Demos la palabra a un medio kazajo: “En el complejo conmemorativo Spassky situado en la Región de Karagandá aparecieron dos señales conmemorativas: en memoria de españoles e estonios, muertos en los campos. (…) Entre los años 1941 y 1954 en el campo de trabajo reformatorio de Karagandá se encontraban presos 152 españoles, de todos ellos 138 sobrevivientes regresaron a España en el año 1954 a bordo del barco “Semiramis”, y 14 murieron aquí. “Hoy hemos venido aquí para honrar la memoria de los muertos, y también de aquellos que regresaron a su patria, después de sufrir terrible cautiverio en este campo de concentración”- dijo D. Manuel Larrotcha Embajador Extraordinario y Plenipotenciario del Reino de España en la República de Kazajistán. También informó que la construcción de la placa conmemorativa ha sido financiada por empresas españolas, que trabajan en la Región de Karagandá y dio las gracias a los hombres de negocios por su buena obra”.

Entonces, de los 152 españoles, que permanecían en los campos reformatorios de trabajo, 14 hombres murieron y 138 felizmente regresaron a su patria en el año 1954 a bordo del barco “Semiramis”. ¿Quién eran estos hombres y porque se encontraron en este campo? Recordaremos que Embajador de España usó la palabra “cautiverio” y sigamos con nuestra lectura:

El acto coincidió con el “Día de las Víctimas”, que los kazajos celebran anualmente desde su independencia de la ex Unión Soviética en 1991”.

Solo comentar que por la Orden del Presidente kazajo el “Día de las Victimas” (más exactamente el “Día de los represaliados políticos”) se celebra en éste país desde el año 1997 y no desde el año 1991.

La conmemoración se celebró en una inmensa estepa donde están enterrados 7.700 prisioneros, de unas 40 nacionalidades, víctimas del totalitarismo comunista que nunca pudieron regresar a sus hogares”.

Parece que los adeptos al régimen franquista, del cual todavía hoy las víctimas anónimas permanecen enterradas en las cunetas a lo largo de las carreteras españolas que se han convertido para ellas en fosas comunes, no tienen nada mejor que hacer que preocuparse por las víctimas del totalitarismo en otros países.

De los 152 españoles internados en los distintos campos de Gulag**, 14 perdieron la vida en los subcampos de Spassk y Kok-Uzek.

José María Bañuelos, uno de los “niños de guerra”, enviado durante la Guerra Civil por el Gobierno del Frente Popular de la República Española y posteriormente confinado en este campo, del que logró salir gracias a las gestiones realizadas, ya en la posguerra por el Gobierno de España y la Cruz Roja internacional, fue el único superviviente que asistió al acto”.

El estilo de autor tiene su especialidad, por eso hay que aclarar: Jose Maria Bañuelos no es único prisionero español de este campo que “sobrevivió”, es el único de aquellos ex prisioneros de este campo a quien las condiciones de su salud permitieron hacer este viaje hasta Kazajistán.

Vale la pena comentar también que José María Bañuelos es uno de los protagonistas del documental “Olvidados en Karagandá” (sobre el documental más adelante) en el cual Sr. Bañuelos cuenta muchos detalles de su biografía: como a los 8 años de edad llegó a la Unión Soviética, como estaba en Artek***, como junto con otros adolescentes fabricaba granadas cerca de Stalingrado mientras que el frente pasaba a varios centenares de metros de la fábrica en la que ellos trabajaban. José María cuenta que le apresaron por el robo en banda, que en el campo les daban bien de comer (no desde el punto de vista de hoy, claro, pero sí, desde el punto de vista de entonces, ya que el resto de la gente rusa no se alimentaban mucho mejor); que en los campos que todos llaman “campos de concentración” cuando en realidad eran “campos de trabajo” él aprendió todo que sabía hacer en su vida, que volvió a España no por los “regímenes” sino por su familia, que al llegar a su patria le siguieron, le interrogaron, sacándole la información sobre lo qué se fabrica en la Unión Soviética y donde, y que él está seguro de que le sacaron los datos para venderlos a EE.UU., que hasta ahora sigue siendo comunista y que en su estante de libros junto a la foto de su padre hay un busto de Lenin…

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Pues bien, uno de los españoles fue “confinado por Rusia comunista” por robo. ¿Y el resto de las 151 personas por qué?

Entre los prisioneros que pasaron por estos campos, principalmente se encontraban miembros de la División Azul, pilotos de combate y marineros enviados por la II República Española, así como “niños de la guerra”.
Es por eso El Embajador español se refería al “cautiverio” – la gran mayoría de estos “represaliados políticos” – son los que mantenían el bloqueo del Leningrado y cayeron prisioneros. Y no tenemos que olvidar que después de la disolución de la “División Azul”, parte de los voluntarios se quedó allí y siguió “luchando contra el comunismo” en las unidades de Waffen-SS hasta el final. Para entender cómo era la correlación entre los “divisionarios azules” y los “republicanos” miremos los títulos de la prensa española de entonces informando sobre la llegada del barco ¨Semiramis¨ a bordo del cual, como recordamos, regresaron a España los 138 ex prisioneros del campo en la Región de Karagandá:

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Regresan 248 voluntarios de la “División Azul”, 34 civiles y 4 jóvenes expatriados durante la guerra de la Liberación (Así llamaban los franquistas la guerra civil española – S.M.) El “Semiramis” navega ya con rumbo a nuestro puerto”

 

En otras palabras el monumento en la Región de Karagandá en realidad está instalado en honor de los prisioneros de guerra – los voluntarios de la 250ª División de Wehrmacht, a los cuales, sin pestañear, calificaron como las “víctimas de represalias comunistas”. Es más, ni el Embajador español en Kazajistán, ni la delegación española pidió disculpas por los crímenes de la guerra que cometieron sus familiares o dieron una valoración ética al camino que llevó a los miembros de la “División Azul” hasta los campos de trabajo en la Unión Soviética. Todos actuaron como si se tratara de las víctimas inocentes.

Al mismo tiempo, también acudió la delegación oficial de Estonia, uno de los países bálticos que sufrieron especialmente la represión comunista antes, durante y al término de la Segunda Guerra Mundial, hasta alcanzar nuevamente su independencia. Señalemos que tanto en Estonia como en la República de Kazajistán, el comunismo está prohibido y perseguido. Nadie como los que sufrieron durante décadas este tipo de régimen, puede dar ejemplo y testimonio de lo que representa”.

Como “sufrió” Estonia dentro de la Unión Soviética es un tema largo, pero hay que decir que actualmente en Kazajistán hay dos partidos comunistas: El Partido Comunista Popular de Kazajistán y El Partido Comunista de Kazajistán la actividad del cual esta temporalmente suspendida (y no por primera vez). Es decir, que el comunismo no está perseguido ni prohibido.
Seguimos leyendo:

 

El embajador de España en Kazajistán, Manuel de Larrotcha, frente al monolito recién inaugurado destacó “La sinrazón de una época que truncó la vida de muchos seres humanos y recordó a todos los españoles, sin excepción, que pasaron por los campos”. Aseguró igualmente que “Hoy es el día más importante” de su estancia como embajador en Kazajistán. “Rememorar la historia de estos hombres me emociona y reconforta”, señaló. En su alocución nuestro embajador citó el documental “Los olvidados en Karagandá”, patrocinado por el Ministerio de Asuntos Exteriores kazajo y realizado por la asociación “Nexos Alianza”, que dio a conocer internacionalmente los campos que cuajaban la totalidad de los territorios ocupados bajo el yugo comunista.

(Puesto en negrilla por mi_S.M)
El vocabulario, el estilo de presentación de la desinformación parecen estar sacados de las papeletas de propaganda nazi que el ministerio de Dr. Goebbels solía echar sobre el territorio de URSS durante la 2nda Guerra Mundial.

Un poco sobre la historia de producción del documental “Olvidados en Karaganda”: en el año 2013 el Presidente de Kazajistán Nursultan Nazarbayev entrego al Presidente de España Mariano Rajoy, durante la visita del último al Kazajistán los datos de archivo sobre 152 españoles, que cumplían su condena en los campos de Región de Karagandá. Luego los documentalistas españoles con apoyo financiero del Ministerio de asuntos exteriores kazajo (!) rodaron el documental “Olvidados en Karagandá”. La película es una fabricación propagandística ordinaria destinada aumentar el grado de rusofóbia en el mundo. No obstante como el documental fue hecho para auditorio español, su mensaje principal es de reconciliación: los voluntarios de la “División Azul” al encontrarse en los campos soviéticos con los republicanos, olvidaron todas sus controversias ideológicas, se mantuvieron juntos, ya que para ellos solo importaba sobrevivir y regresar a la patria.

 

El monolito fue bendecido por el nuncio de la Santa Sede. El español Miguel Mauri y el alcalde de Karagandá Nurmukhambet Abdibekov en su alocución aseguró que su país fue uno de los primeros en recordar a las víctimas de los campos de trabajos forzosos”.

Nurmujamet Abdibekov no es alcalde de Karagandá, sino Gobernador de Karagandá. Sin embargo para él no estaría de más leer de nuevo el verso del poeta popular kazajo Jambyl Jabayev que dice: “¡Ciudadanos de Leningrado, hijos míos!” **** Y recordar cuantos miles de kazajos dieron sus vidas por la liberación del Leningrado, de Moscú, Kursk, Volokolamsk, de Ucrania, Moldavia, países Bálticos etc., y tal vez algunos de ellos perdieron sus vidas en las batallas con estas futuras “víctimas de los campos de trabajos forzosos”.

Pero seguimos leyendo, ya queda poco.

Estos actos y homenajes, para el actual pueblo kazajo representan todo un orgullo, por lo que se ensalza a los miles de voluntarios, propios y de otras nacionalidades, como los voluntarios de la División Azul, que se enrolaron en las filas del Ejército Alemán de Hitler para luchar también contra el comunismo. En España, estos hechos apenas han tenido transcendencia, a pesar de que tenemos unos fuertes intereses económicos en esta pujante economía, reforzados por estos hechos históricos de lucha contra un enemigo común. En el exterior, la gesta de la División Azul sirve para establecer lazos internacionales y sin embargo, en España es perseguida, y hasta incluida dentro de la represiva “Ley de Memoria Histórica”, que en el desarrollo de su articulado, nada dice sobre la División Azul y a la que esta no debería afectar, pero que se mete en el mismo saco de los hechos acontecidos durante la Guerra Civil Española y la represión en la época franquista”. (Puestas en negrilla por mí – S.M.)

Así, ni más, ni menos. Pero ¿había alguien que de verdad pensó que los herederos ideológicos de la “División Azul” se preocupan por alguna de las víctimas de las represalias políticas? Ya que por definición las víctimas de las represalias políticas no podían ser otras que unos republicanos, comunistas españoles que debido a diversas circunstancias se encontraron en la Unión Soviética. Pero las víctimas de este ramo ideológico no les preocupan ni siguiera en su propio país. Lo único que si les interesaba fue abrir el monumento en cualquier lugar del territorio adonde los voluntarios llegaron armados un día y hacer pasar la inauguración de la placa conmemorativa a los muertos por un homenaje a los divisionarios con tal de obtener dividendos políticos en España. Para eso primeramente se toma el complejo de los campos de trabajo reformatorio, sin olvidar llamarles “campos de concentración”) en los cuales – junto a los prisioneros de guerra – seguro que se encontraba algunos represaliados políticos. Usando el hecho de que el comunismo, el sistema soviético y la época de Stalin ya están bastante calumniados y demonizados, a todos los prisioneros del campo les llaman las “víctimas de la época estalinista”, olvidando mencionar que dentro de la época de Stalin están tanto los años de la Gran Guerra Patria (1941-1945) como los años de restauración de la economía nacional (1945-1955). (¿Por qué los prisioneros de guerra no tenían que participar en la restauración de la economía soviética? ¿Porque les esperaban en sus casas? Pero a cada soldado del Ejército Rojo también esperaban en sus casas, ¿no?). Luego con tono trágico, recargando las tintas, y no despreciando la mentira, se describa la vida cotidiana y el sufrimiento de los prisioneros de los campos, arrancándola del contexto de los crimines contra la humanidad que ellos cometieron, del contexto de la época, del contexto de la vida cotidiana que tenia la gente soviética en los tiempos de guerra y post-guerra. En la siguiente etapa, bajo de los razonamientos hipócritas sobre las represalias políticas, la memoria histórica y la conciliación, se inaugura el monumento “a todos los españoles que murieron aquí” (les recuerdo que eran 14 hombres y nadie se toma la molestia de justificar que murieron por causas ajenas a las naturales), y con eso todos los medios de comunicación presentan el monumento como el “monumento a los españoles represaliados”. Y solo en la última etapa de espectáculo los “conciliadores” quitan su máscara mal puesta de protectores de los represaliados políticos y conservadores de la “memoria histórica” y pronuncian con articulación perfecta: creemos que participar en el cerco de Leningrado fue la gesta de la “División Azul” y aquellos que se pusieron al servicio de Hitler para exterminar físicamente a los pueblos que habitaban en el territorio de URSS son héroes y el Kazajistán de hoy se solidariza con nosotros en eso.
Es interesante saber cómo se sienten leyendo estas palabras los funcionarios de Kazajistán, que dieron la “luz verde” a estas neonazis, que arreglaron su asuntito con el monumento muy bien: poniendo delante a “los hijos de la guerra” y al Embajador de España.
Ahora se ve con otros ojos reciente colocación de una ofrenda floral en honor a los voluntarios de la ¨División Azul” por el aniversario de la batalla de Krasny Bor en el que se vio envuelto el Cónsul General de España en San-Petersburgo. Quizás ¿sus partidarios en la Hermandad nacional de la División Azul esperan inaugurar el monumento a los “héroes caídos” en la Región de Leningrado, de paso incluyéndoles a todos como “víctimas de las represalias comunistas”?

La historia aquí contada no solo es un ejemplo concreto del revanchismo del fascismo en Kazajistán, en España, en Estonia… Es un ejemplo que demuestra adonde lleva el anticomunismo radical y la criminalización de la época soviética.

 

 

Svetlana Moiseyeva

Versión rusa del artículo: http://liberacion-1.livejournal.com/21583.html

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