Si no es el choque de civilizaciones, ¿qué es?

ITAR-TASS, digestEl eco del planeta”, 10 de octubre de 2012: “Las revueltas anti-occidentales en respuesta a la película anti-musulmana de nuevo han levantado conversaciones sobre un creciente choque de civilizaciones. Los roces entre el mundo occidental cristiano y musulmán, por supuesto están a la vista y están condicionados por todo un conjunto de factores serios y duraderos”.

BBC news, 29 de octubre de 2012: “Las novedades introducidas en la celebración del Día de la República anunciadas por los dirigentes musulmanes de Turquía, como por ejemplo la prohibición a las mujeres aparecer en las celebraciones en el palacio presidencial sin el hiyab, la prohibición de la celebración del mitin anual de amplias fuerzas ciudadanas bajo el lema ‘Unidad de patria y libertad’, al que una parte de políticos turcos llamaron ‘el choque de civilizaciones interno’.

Como vemos, el concepto de Huntington de “Choque de Civilizaciones” aún está en uso, tanto en serio, como en un contexto irónico. A pesar de que lleven criticándolo ya casi 20 años. ¿De qué crítica hablamos?

Por supuesto la postura más crítica enseguida la tomaron los liberales, partidarios del concepto de Fukuyama del “Fin de la Historia”. Y está claro el porqué: el “civilizacionismo beligerante” de Huntington les ha desacreditado completamente y quitó todo el sentido a su propio credo conceptual.

Los fukuyamistas literalmente empezaron a gritar: “¿cómo es posible? Nosotros vemos que todo el mundo ‘se está impregnando’ en la cultura occidental, y por esto en todas partes la modernización toma un carácter de occidentalización. Nosotros vemos que cada vez crece más la cantidad de países que se acogen a las normas de la democracia, que en todas partes, mejor o peor, se realizan reformas políticas y económicas liberales. Vemos que en todas partes se refuerza el movimiento imparable hacia los estándares occidentales y la cultura del consumo. ¡QuéChoque de Civilizaciones’!”.

Lo que escribió Huntington sólo son interpretaciones poco convincentes de Arnold Toynbee, con su “Estudio de la Historia”. O simplemente un plagio mal disimulado, un poco adaptado a los tiempos de hoy, pero no por ello más cercano a la verdad.

Después se dice que incluso enfrentamientos muy dolorosos (entre ellos las guerras), choques históricos de culturas y religiones, llevan como resultado a su profundo enriquecimiento mutuo y su ‘entrelazado’. Así, por ejemplo, el investigador japonés Saizaburo Sato recuerda, que el Renacimiento en Europa occidental debe mucho a los contactos con el Islam, con su cultura y su ciencia, que empezó en los tiempos de las Cruzadas.

Sin embargo después de los atentados terroristas de 2001 en Nueva York y Washington, las voces de los partidarios de Fukuyama se han acallado considerablemente. El primer decenio del siglo XXI ha refutado el “Fin de la Historia” de forma demasiado evidente. Y no sólo con el creciente terrorismo y guerras calientes (grandes y pequeñas). Lo mismo testificaban claramente las innovaciones legislativas anti-liberales en los principales países post-históricos: desde “El Acta Patriótica” en Estados Unidos que limitaba bruscamente las libertades personales de sus ciudadanos, hasta las duras leyes anti-migración en Europa. Lo mismo testificaba la exclusión (claramente anti-liberal) de la esfera de libre comercio de sectores enteros de economías nacionales en países post-históricos de Occidente: desde energética e infraestructuras hasta las fábricas de hi-tech.

Pero no sólo los partidarios de Fukuyama criticaban el concepto de “Choque de Civilizaciones”.

Algunos adversarios de Huntington empezaron a analizar aquellos casos en los que Huntington al revelar la específica de algunas civilizaciones concretas claramente pecaba contra los criterios de su propia revelación. Así, por ejemplo, el profesor de la Universidad de Georgetown y ex-representante permanente de Estados Unidos en la ONU, Jim Kirkpatrick, escribió que si tomamos los criterios relacionados por Huntington (lenguaje, historia, religión, costumbres, instituciones, autoidentificación), entonces no se entiende porqué separa de Occidente las civilizaciones latinoamericana y ortodoxa. América Latina entera está profundamente impregnada por la identidad religiosa católica y por la cultura occidental. Pero los ortodoxos (incluyendo su teología, liturgia y principales fuentes patrísticas), y el marxismo-leninismo, y la literatura de Alexander Pushkin y Lev Tolstoi son claramente ramas o manifestaciones de la cultura occidental. Entonces, la separación de la civilización ortodoxa, tal como lo propone Huntington, no tiene serio fundamento.

Otros críticos del concepto del “Choque de Civilizaciones” han demostrado que la mayor parte de los conflictos de la Edad Moderna y Contemporánea suceden no entre civilizaciones separadas de una u otra forma, sino precisamente dentro de comunidades muy unidas por la historia, la religión y la cultura.

¿Cómo explica el concepto de Huntington, por ejemplo, el conflicto entre sunitas y chiítas, que dura siglos en el marco de la misma civilización del Islam? ¿Qué hacer con las guerras religiosas europeas de los tiempos de la Reforma dentro de la civilización Occidental? ¿Y con los conflictos entre distintas escuelas religiosas (madhab) incluso dentro del Islam sunita?

Después, la enorme cantidad de conflictos en África y en Asia que se producen entre tribus o grupos étnicos que profesan la misma religión. Estos conflictos no son entre culturas, sino por los recursos, como territorios, ganado, pastos, agua, etc., igual que hace cientos de años.

Huntington, en sus últimas publicaciones (“Si no es el Choque de Civilizaciones, ¿qué es?”, “¿Quién Somos?” y otras) intenta contestar a estas críticas. Pero sus respuestas eluden la mayoría de las ‘flechas de crítica’ concretas. Primero él, citando al autor de “La Estructura de las Revoluciones Científicas”, Thomas Kuhn, dice: “para ser tomada como paradigma, la teoría tiene que parecer mejor que sus competidoras, pero a ella no se exige explicar todos los hechos, con los que puede ser comparada”. Pero después, sus respuestas a la crítica a grandes rasgos se reducen a la siguiente tesis principal: “¿Y qué pueden proponer Uds. a cambio de mi concepto de civilizaciones?”.

Con esto, ya en su artículo “Si no son Civilizaciones, entonces ¿qué es?”, que salió a finales de 1993, Huntington escribió sobre el peligro que supone para América la idea del multiculturalismo, y, sobre todo, de proporcionar derechos especiales a grupos de otras culturas y “de color”. Y subraya que esto “ayuda al choque de civilizaciones dentro de Estados Unidos…”.

Y por fin, en una de sus últimas obras, “¿Quién Somos?”, publicada en 2004, directamente reconoce las metas que han sido puestas ante él, y los iniciadores de la infiltración y promoción de su concepto. Huntington escribe: “si América no tiene una cierta ‘imagen de un enemigo’, entonces la unidad de la sociedad puede llegar rápidamente a su fin. Para no perder su unidad y su identidad nacional, América necesita un enemigo y una guerra fuera de su país…”. Y aquí ya queda del todo claro, que una vez terminada la Guerra Fría, se empezó a preparar y promocionar este concepto un tanto dudoso, y el cual “ha subido a su bandera” como arma conceptual el comando del presidente Bush hijo.

La debilidad de este concepto, sin embargo, estaba clara desde el principio no sólo por la crítica expuesta arriba. El concepto se puede llamar así sólo si está construido en un sólido fundamento científico. Pero Huntington puso en la base de sus trabajos conceptuales el principio de aislamiento de civilizaciones como “mónadas”, que pertenece a Oswald Spengler y fue desarrollado por Arnold Toynbee.

Toynbee, en su enorme trabajo de 12 tomos “Estudio de la Historia” define su acercamiento a la investigación como “monadología histórico-cultural”. Es decir, transfiere la definición filosófica hecha por Leibniz hace tres siglos de las “mónadas” como un ente autónomo, totalmente aislado de cualquier relación con el exterior, a las civilizaciones basadas en sus distinciones religioso-culturales e incluso en su exclusividad.

Pero una “mónada religioso-cultural” se puede imaginar (aunque con dificultad) en alguna aldea perdida entre montañas, donde una pequeña tribu vive en una formación medieval en total aislamiento del resto del mundo. Pero en un mundo globalizado, ¡¿qué “mónadas”?! Por definición, ahora las “mónadas” son imposibles.

Huntington, en varias ocasiones reconoce que las fronteras entre civilizaciones son difusas… Y la división del mundo por países a menudo contiene en un territorio varios “enclaves civilizacionales” diferentes… Y con la unidad religioso-cultural dentro de las “mónadas” (y no sólo en Occidente, que se enfría)… Y aun así, él y sus ‘grupos de apoyo’ en la comunidad científica y política, así como en los medios durante muchos años, antes de mostrar sus cartas en 2004 definitivamente, han predicado insistentemente este concepto de “mónadas de civilizaciones”.

Pero para mediados de la primera década del siglo XXI, para el comando en el poder del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, el concepto de Huntington claramente dejó de ser satisfactorio.

Primero, el propio Bush poco a poco cambia su discurso público, alejándose cada vez más del inicial mensaje “belicista-civilizacional” de 2001, y hacia la “Cruzada contra la amenaza islamista”. Primero, esta retórica ha sido sustituida por “la guerra con el islamismo radical”, después rebajada hasta la “lucha contra el terrorismo”.

Segundo, la Secretaria de Estado de los Estados Unidos, Condoleezza Rice, el 20 de junio de 2005 ha anunció en su intervención en la Universidad Americana en el Cairo: “A lo largo de 60 años, mi país… perseguía… en Oriente Próximo los objetivos de la estabilidad, comprometiendo con esto la democracia, y no hemos conseguido ni una cosa ni la otra. Ahora cambiamos el rumbo… Ha llegado el momento de desechar todas las excusas, que frenan el pesado trabajo de la democracia.

Y tres meses más tarde, el presidente Bush, hablando en la Fundación Nacional de la Democracia en Estados Unidos especificó: Nosotros apoyamos a nuestros amigos en Oriente Próximo… Nosotros,  junto con los disidentes y deportados de los regímenes despóticos. Porque nosotros sabemos, que los disidentes de hoy mañana serán líderes democráticos”.

Sobre los motivos a los que se debe tan brusco y decidido “cambio de rumbo”, anunciado por Rice, Bush y después por muchos otros, nosotros escribimos muy detalladamente en el libro “Tsunami político”. Aquí solo recordaré lo más importante para el tema que nos ocupa.

Para ese momento, ya se habrá visto claramente, que Estados Unidos, incluso con el apoyo de algunos países de la OTAN (que resultó ser mucho menor de lo que suponían) no pueden llevar a la vez dos guerras en Irak y en Afghanistan, y a la vez una “guerra global antiterrorista” con “al-Qaeda”. No hay suficientes soldados, y lo más importante, ya no hay ese ‘drive del Imperio’, sin el que cualquier cantidad de legiones con todas las armas posibles no pueden ganar.

Es decir, su experiencia en la prueba en el marco del concepto de Huntington “conflicto-civilizador” rápidamente demostró, que los Estados Unidos son incapaces de llevar a cabo el objetivo de la aceptada oficialmente Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de “dos guerras locales victoriosas a la vez en distintas regiones del mundo”. Pero Huntington escribió en su concepto el recuerdo de que “en perspectiva a medio plazo, la principal lucha se librará entre Occidente y los países que pertenecen a las civilizaciones islamista y confuciana”. Y ya estaba claro, que si con la “civilización islamista” han surgido tantos problemas, entonces con China estos problemas serán mucho más complejos.

Y entonces, Estados Unidos tenía que cambiar urgentemente de “caballo conceptual”, que será un arma conceptual nueva, y a la medida de sus fuerzas.

De esto hablaremos en el siguiente articulo.

Esto es una traducción del artículo (publicado en el periódico “Esencia del Tiempo” número 3 del 7 de noviembre de 2012) de Yuri Byaliy, de una serie de artículos sobre los conceptos que se crean en los ‘think tanks’ por los científicos estadounidenses, que se promueven y son aplicados por los políticos y después probados en los ‘laboratorios’ mundiales.

Le animamos a compartir nuestras traducciones y artículos, pero SÓLO con una mención a la pagina de eu.eot.su (ver el enlace arriba).

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