El corazón ardiente de Danko

En solidaridad con los antifascistas detenidos en España.

27 de febrero fueron detenidos 8 españoles que han estado en Donbass como voluntarios y hace poco han vuelto a España. La operación, desarrollada en Asturias, Cataluña, Murcia, Navarra, Madrid y Extremadura fue muy mediática y se conoce como la operación “DANKO”. Estaba coordinada por la Comisaría General de Información de la Policía Nacional en virtud de Diligencias del Juzgado Central de Instrucción Número 1 de la Audiencia Nacional.

La Comisaría General de Información de la Policía Nacional sabia lo que hacia, poniendo este nombre a la operación, que sin duda nos remite al héroe de la narración de Máximo Gorki “La vieja Izergil» (1895), que en español es mas conocido como “El corazón ardiente de Danko”.

Con esto ellos mismos comparan a los chicos que han ido a ayudar a la población de Donbass que sufre el genocidio por parte de su gobierno con Danko, que hace pedazos su corazón para iluminar el camino de la salvación a su tribu.

Aquí puede escuchar la versión completa del cuento de Maximo Gorki

 

La narración acaba así:

Era un camino penoso, y los hombres extenuados de él perdían los ánimos. Pero como les daba vergüenza reconocer su debilidad, en su rabia y cólera remetieron contra Danko, contra él que iba delante de ellos, y empezaron acusarle de que no sabia dirigirles.

Se detuvieron, y acompañados del triunfante clamoreo del bosque, en medio de las trémulas sombras, cansados y enfurecidos se pusieron a juzgar a Danko.

– Tu eres un hombre miserable y dañino para nosotros, – le increparon. – Nos has conducido hasta dejarnos extenuados. ¡Por esto vas a morir!

-¡Vosotros me dijisteis condúcenos! Y yo os he lavado adelante, – gritó Danko, dándoles la cara. – Yo tengo valentía para conducir. Por esto os he guiado. Y vosotros, ¿que habéis hecho entre tanto para ayudaros? No habéis hecho mas que andar sin saber guardar fuerzas para un camino mas largo. Solo habéis sabido andar sin ton ni son, ¡un rebaño de borregos!

Pero aquellas palabras los irritaron aun más.

– ¡Vas a morir, vas a morir! – rugían.

Y el bosque seguía rumoreando bronco, haciéndoles coro. Mientras los rayos rasgaban en girones las tinieblas.

Danko miraba a aquellos hombres, por los que tanto había esforzado. Veía que eran como fieras. Muchos lo rodeaban. Pero ninguno reflejaba en su rostro sentimientos nobles. No se podía esperar piedad de ellos. En el corazón de Danko empezó hervir el coraje. Pero lo apagó la compasión a los seres humanos.

Danko los amaba y creía que si los abandonaba – perecerían. En su corazón se incendió impetuoso el deseo de salvarles. De sacarlos de allí a un camino bueno, grato. Y al momento asomaron a sus pupilas resplandores de aquel gran fuego. Ellos al verlo creyeron que estaba enfurecido, por esto le centellaban los ojos con tan vivos fulgores. Se quedaron alerta, al acecho, como los lobos. Esperando su acometida y estrechando el cerco para mejor atraparle y darle muerte.

Pero Danko ya se había dado cuenta de sus propósitos. Y ello avivaba el fuego de su corazón, pues tales intenciones le producían pena. El bosque seguía entonando su lúgubre cántico. Resonaban los truenos, arreciaba la lluvia.

– ¿Que haría yo por los seres humanos? – clamó Danko con voz mas fuerte que el trueno.

Y de pronto se desgarró el pecho, arrancó su corazón y lo alzó muy alto sobre su cabeza.

Ardía tan esplendoroso como el sol, mas claro aun. Y todo el bosque, iluminado por aquella antorcha de inmenso amor a los seres humanos guardó silencio, mientras las tinieblas huían raudas de la luz para ir a caer temblantes allá lejos, en profundidades del bosque, en hediondas fauces del pantano.

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La gente quedó petrificada del asombro.

¡Vamos! – gritó Danko, y lanzó se adelante, a su puesto. Manteniendo muy alto el corazón ardiente, alumbrando el camino de los hombres. Todos fascinados le siguieron. Y entonces volvió a rumorear el bosque, balanceando sorprendido sus copas. Pero su murmullo fue apagado por los apresurados pasos de la gente. Todos corrían veloces y llenos de arrojo, entusiasmados por el maravilloso espectáculo del corazón ardiente.

Ahora, aunque padecían, lo hacían sin lagrimas y lamentos. Y Danko seguía siempre delante. Y su corazón ardía, ardía sin cesar. De pronto el bosque se abrió ante él, apartó se a ambos lados y quedo hacia atrás, tupido y mudo. Y Danko, y toda aquella gente se sumergieron al instante en un mar de luz solar y de aire puro, lavado por la lluvia.

La tormenta había quedado detrás de ellos, sobre el bosque y allí resplandecía el sol, respiraba la estepa, relucía la yerba con los brillantes de la lluvia, y refulgía como oro el rio.

Atardecía, y de los rayos de sol poniente el rio parecía rojo como la sangre que brotaba en cálidos chorros del pecho desgarrado de Danko.

El esforzado y gallardo Danko miró hacia adelante. A la anchurosa estepa. Tendió la gozosa mirada por la tierra libre y rió con orgullo. Luego cayo sobre ella y murió.

La gente, loca de jubilo, llena de esperanzas no se dio cuenta de la muerte de Danko, ni reparó que junto a su cadáver seguía ardiendo su corazón audaz.

Unicamente un hombre precavido lo vio, y temeroso de algo ignoto pisoteo aquel corazón indomable. El corazón se deshizo en chispas, y se apagó.

De allí proceden estas chispas azules que aparecen en la estepa antes de la tormenta.”

A los antifascistas arrestados se les imputa la participación en delitos de asesinato, tenencia de armas y explosivos y actos que atentan contra los intereses de España en el exterior.

Aun sabiendo que podían morir en la zona del conflicto, y si sobrevivían se enfrentarían a las represiones en su propio país, ellos fueron allí, llenos de la compasión a los seres humanos y con el impetuoso el deseo de salvarles, que se encendió en su corazón.

La policía lo sabe. Lo entiende todo. Y por esto la operación lleva este nombre. Y aun sabiendo que su causa es honorable y justa los detienen y ahora los antifascistas se tendrán que enfrentar a un juicio, en el que les puede caer hasta 15 años de cárcel.

Y ahora nosotros también lo sabemos. Y como aquel “hombre precavido, temerosos de algo ignoto” podemos pisotear estos corazones indomables. O elegir el otro camino, aun que sea mas duro y sacrificado. Porque somos seres humanos, y por esto siempre tenemos una elección y podemos ponernos por encima de las circunstancias y los condicionantes. Es lo que nos distingue de los animales, que solo siguen sus instintos. Esto es lo que se llama la verdadera libertad.

Vera Rodionova

“Esencia del Tiempo” España

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